Leyenda colombiana de las Brujas de Burgama: símbolo de unión del pueblo

Historia sobre la solidaridad y el apoyo de un pueblo en Colombia

Azucena Zarzuela

A todas nos gusta ser alguna vez un poco brujas para atraer la suerte y pensar que el destino podemos escribirlo a nuestro gusto. Si no somos capaces de conseguir algo, por qué no recurrir a la magia o a las artes oscuras. El mundo de la brujería es muy amplio, desde relatos con escobas voladores, hasta simples mujeres con conocimientos sobre las propiedades de las hierbas y recursos de la naturaleza para curar, pasando por pócimas y encantamientos.

Si escribo la palabra bruja a muchas nos viene a la cabeza la imagen de una persona anciana, desaseada, con sombrero de punta y alguna verruga desagradable en la nariz frente a una caldero humeante. Y como acompañantes, unas culebras, algún cuervo o un sapo. Pero esta imagen es más propia de los cuentos de fantasía que de la realidad. Las brujas que resaltamos en esta leyenda colombiana de las Brujas de Burgama fueron cinco hermosas mujeres, y se convirtieron en símbolo de unión del pueblo

El origen de la leyenda de las Brujas de Burgama

Se dice que en la zona del norte de Santander, en Ocaña, Colombia, allá por el siglo XVII cinco jóvenes acabaron apodadas como las Brujas de Burgama. María Antonia Mandona, María Pérez, María de Mora y María del Carmen y Leonelda Hernández son nuestras protagonistas

Las cinco se dedicaban a la brujería. Y es que sus vecinos las solicitaban para echar de sus hogares a los demonios, hacer limpias en las almas y dar amuletos de protección. Cada una tenía su especialidad, pero todas trabajaban por el bien común de la comunidad. Quizás, según relata el folclore popular de la región, María Antonia era la más sabia y preparada y Leonelda la más joven y hermosa, convirtiéndose en la primera opción siempre de los hombres.

Y llegó la Santa Inquisición supuestamente para poner orden donde nadie lo había pedido. El Tribunal fue creado para perseguir la herejía y castigarla con la muerte haciendo padecer previamente no pocas atrocidades donde la muerte más que un castigo acababa por convertirse en un descanso y alivio. Para ello, la Inquisición solicitaba la complicidad de los vecinos que debían convertirse en delatores de quienes en algún momento de sus vidas habían recibido su ayuda.

Fue así como una tarde nuestras cinco brujas de Burgama fueron arrestadas por soldados españoles y, tras someterlas a un juicio (de aquella manera donde la presunción de inocencia no existía y donde el veredicto ya estaba escrito antes de que nadie se pronunciase), fueron condenas a la pena capital.

La bonita leyenda colombiana de las Brujas de Burgama 

Las mujeres fueron conducidas hasta el Cerro de la Horca mientras eran azotadas a lo largo del camino. La primera a la que se le colocó la soga sobre el cuello fue a María Antonia, en teoría la más poderosa del grupo. Las demás, permanecían atadas a la espera de su trágico final. Y justó cuando la bruja estaba a punto de que le quitaran el soporte donde descansaban sus pies antes de quedar colgando del cuello, los vecinos de la zona salieron de entre los arbustos para enfrentarse a los soldados. La cobardía del capitán hizo que utilizara a la joven Leonelda como escudo humano para proteger su vida. De nada le sirvió.

Cuando las otras cuatro brujas fueran liberadas todos, más unidos que nunca como comunidad, atacaron sin piedad a la soldadesca. Y pese a que estaba en riesgo la vida de la más joven, la unión y determinación de los vecinos consiguieron rescatarla de las manos del capitán. Leonelda no lo dudó. Cogió un machete con el que cortó por la mitad el cuerpo de su agresor. Su venganza quedaba saldada.

Las cinco brujas volvieron a la libertad y desde entonces solo trabajaron con sus hechizos para el beneficio de su región mientras lanzaban maldiciones contra todos los inquisidores sobre los que tenían noticias. Con los años, nuestras protagonistas fueron envejeciendo hasta acabar con sus huesos en manos de la Muerte.

El recuerdo que dejaron entre sus vecinos fue de ayuda y bondad y por ello, generación tras generación, siguen siendo recordadas. Incluso, hay quien narra hoy en día que el espíritu de Leonelda deambula por el Cerro de la Horca persiguiendo a todos los hombres que acosan a las mujeres. La historia está llena de hechos donde el machismo se ha impuesto, pero siempre ha habido mujeres valientes, que con la ayuda de los hombres, se han convertido en heroínas.

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