Leyenda colombiana del Hombre Caimán: cuidado con lo que deseas

La popular historia colombiana sobre los hombres mujeriegos

Azucena Zarzuela

Lo mejor de los sueños es cuando éstos se convierten en realidad, ¿no crees? Pero, tras conocer la leyenda colombiana del Hombre Caimán, hay que creer más en las advertencias de aquellos que sabiamente te advierten de que tengas cuidado con lo que deseas. ¿Quieres conocer esta historia popular de la costa  caribeña de Colombia? ¡Presta mucha atención!

¿Cuál es la historia colombiana del Hombre Caimán? 

Para entender esta historia hay que poner nuestras coordenadas exactamente en la población ribereña de Plato, Magdalena. Aquí se cuenta que un joven pescador llamado Saúl Montenegro, del que las malas lenguas decían ser un auténtico mujeriego, cada día, fiel a si cita, acudía a la orilla del río a esconderse entre el follaje antes de que las jóvenes del lugar acudieran a bañarse. Su objetivo era espiar a las mujeres desnudas. Éstas, antes la sospechas y rumores que empezaban a correr por la región, cada vez estaban más alerta para no ser vigiladas ni violadas en su intimidad.

A Saúl Montenegro cada día le resultaba más difícil espiar sin ser descubierto y cada vez estaba más expuesto a que algún novio o familiar de las muchachas acabará dándole una paliza, ¡cómo poco!, como venganza a su voyerismo. Nuestro protagonista no podía arriesgarse más y así fue como decidió ir a visitar a un brujo.

Hasta Alta Guajira le llevaron sus pasos para ponerse en las mejores manos. El brujo de la zona le preparó una pócima cuyo brebaje le convertiría en un caimán (animal autóctono de la región), para pasar desapercibido en las aguas de Magdalena y poder seguir observando a placer a las jóvenes desnudas sin levantar sospechas. Una segunda pócima le devolvería a su estado natural, el de persona. Y de allí regresó con sus dos frascos, uno con líquido rojo para transformarse en un caimán y otro con líquido blanco para volver a ser humano.

Poco tiempo le duró a Saúl Montenegro las argucias de su ingenio. Y es que, el amigo encargado de echarle el brebaje blanco para devolverle a su estado natural no resultó muy de fiar. Un día, éste no pudo acudir a su compromiso y en su lugar mandó a otro quien al ver al caimán se asustó dejando caer todo el frasco de líquido blanco al suelo. Solo unas pocas gotas alcanzaron a caer sobre la cabeza de Saúl Montenegro, quedando el resto del cuerpo convertido en caimán. Ya no había vuelta atrás.

El Hombre Caimán: leyenda tradicional de Colombia

Saúl Montenegro quedaría sentenciado a pasar el resto de sus días con cabeza humana y cuerpo de caimán. El terror se instaló en el río y desde entonces ninguna joven volvió a atreverse a acercarse al agua y mucho menos a desnudarse en la orilla. Lo dicho, cuidado con lo que se desea.

Desde aquel día solo una mujer, valiente y amorosa, se dejaba caer cada día por el río. Y ésta no era otra que la madre de Saúl, quien fue el consuelo de nuestro protagonista hasta el fin de sus fuerzas, llevándole su comida favorita día tras día, queso, yuca y pan remojados en ron.

Su madre falleció de pena y tristeza al no poder conseguir una nueva poción del brujo, pues éste había muerto pocos días después de la visita de Saúl Montenegro. Nadie más conocía el remedio. Así pues, nuestro Hombre Caimán, como fue apodado desde entonces, quedó solo y sin que nadie le cuidara.

Pero las penas nunca vienen solas y no sólo se sintió abandonado, sino que también acabó siendo perseguido por los pescadores de la región para capturarle y darle muerte en los pantanos de la ribera. Así fue como Saúl Montenegro decidió dejarse arrastrar por la corriente del río hasta Bocas de Ceniza, como se conoce a la desembocadura del río Magdalena a la altura de Baranquilla. Y aquí nació la leyenda para atemorizar y avisar a las jóvenes víctimas de las miradas indiscretas que a día de hoy recuerda el folclore popular colombiano.

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