El terror de sufrir violencia de género en la adolescencia

Amparo Sánchez cuenta el calvario que vivió con su primer amor a los 14 años

Lidia Nieto
violencia género
 
El primer amor... Ese con que el que sientes por primera vez un contínuo revolotear de mariposas en el estómago, con el que descubres los efectos casi mágicos de los besos dados a escondidas, sientes el poder sanador de los abrazos recibidos con cariño y ternura y entras en un proceso de levitación constante...  Todas hemos tenido un primer amor que nos ha hecho saborear por unos días, semanas, meses o años esa dulce sensación de felicidad, aunque en el caso de Amparo Sánchez, también conocida como Amparanoia, ese primer amor se convirtió en una relación de violencia de género cuando apenas contaba con 14 años. Ella cambió las caricias por los golpes, los te quieros por insultos y las promesas de amor eterno por una condena casi de por vida. 
 

Violencia de género a los 14 años

Hace unos daños, decidió echar la vista atrás -aunque nunca dejó de mirar de reojo a su pasado y a ese episodio de su vida donde sufrió violencia de género-  y se animó a contar su historia en el libro La niña y el lobo con un único objetivo: Mostrar a otras mujeres que se puede salir. Tenía 14 años cuando conoció a Alejandro. Al principio, su relación era como la de cualquier pareja, pero poco a poco los episodios de violencia se fueron haciendo más evidentes. "Yo creía que los celos, el control y los comentarios negativos eran lo normal en el amor, incluso cuando llegó el primer bofetón, le perdoné porque estaba convencida de que nunca más se repetiría. Lo primero que piensas es que estás enamorada y que él también te quiere, aunque le den esos "prontos violentos" y albergas la esperanza de que todo saldrá bien...", recuerda Amparo Sánchez, que añade: "Más tarde aparecen los tres pilares que paralizan a la mujer maltratada: La culpa ("Tú me provocas"), el miedo ("Cómo se lo cuentes a alguien te enteras...") y la vergüenza ("¿A quién le cuento esto que me está pasando?)". 
 
Pero llegó un día que Amparo dijo que no podía más, que hasta aquí había llegado, que debía que huir de esta situación por ella, pero sobre todo, por su hijo. "No era el ambiente familiar ni la vida que queria para él, imaginar su futuro y el mío sin la sombra de su padre fue lo que me hizo pensar en organizar mi plan de huida". 
 

Hay salida a la violencia de género 

el terror de sufrir violencia de género en la adolescenciaTuvieron que pasar casi diez años para que Amparo Sánchez tomase la decisión de intentar hacer borrón y cuenta nueva, comenzar a vivir de nuevo y guardar en un cajón ese episodio de violencia de género. "Con el tiempo es una parte de ti que queda almacenada en algún compartimento y cada vez aparece en menos ocasiones. Recuerdo que cuando tuve mi segunda pareja y en alguna discusión subía el tono me asustaba, venían de golpe unas sensaciones que me hacían temblar", explica. Algo que también ocurría cuando veía alguna película relacionada con el tema o la misma contenía escenas violentas, pero, por suerte, comenta Amparo, "todo eso va quedando cada vez más lejano gracias a un trabajo de empoderamiento, de autoestima y de relaciones sanas". 
 
Y quizás también a su generosa capacidad de perdón que Amparo consiguió generar. "El perdón libera y el odio encadena. Hubo una etapa en la que sentía grandes deseos de venganza y odio, pero cuando comprendi que el daño que me hizo a mí se lo provocó también a él mismo, decidí perdonar y soltar". 
 
Según los últimos datos del boletín anual del ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad, durante el pasado año se han producido 44 víctimas mortales por violencia de género. De las 44 víctimas, habían denunciado 16, lo que supone el 36,4%, y 6 de ellas (13,6%) contaban con medidas de protección en vigor. El 2,3 % de las víctimas tenía entre 18 y 20 años, 15,9% de las víctimas, entre 21 y 30 años de edad, y el 9,1% tenía más de 64 años
 
Amparo, centrada ahora en su faceta como cantante, acaba su relato mandando un mensaje a hombres y mujeres para frenar y erradicar la violencia de género o violencia machista. "Creo que cada uno desde su trabajo, en sus relaciones personales y, como parte de la sociedad, puede aportar un grano de arena a esta lucha hasta que llegue un día que todos esos granos sean una montaña gigante que haga desaparecer para siempre la violencia hacia las mujeres. Debemos de hacer del respeto a la mujer una costumbre, trabajar por la igualdad real y educar a nuestros hijos e hijas en la paz y en el amor, tarea difícil en los tiempos que vivimos rodeados de violencia de todo tipo, pero más necesario que nunca para ir a una evolucion de la humanidad".