Historia de amor con un amigo: sentimientos confundidos

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

No recuerda muy bien cómo se hizo tan amiga de Pablo. Fue en la Universidad, de eso sí se acuerda, pero no sabe en qué momento empezaron a conectar hasta hacerse fundamentales en la vida del otro. Pablo y Lidia eran más que amigos, pero no en el sentido de poder vivir juntos una historia de amor. Eran amigos imprescindibles, amigos necesarios.

De amigos a amantes

Fue cuando Lidia volvió de pasar un curso en el extranjero, cuando volvió destrozada, con el corazón hecho pedazos, con el alma ahogada y totalmente confundida cuando Pablo no dudó en ejercer su papel de salvavidas. Pablo consoló a Lidia, secó su llanto, la puso en pie y hasta la hizo reír. Y Lidia se sintió reconfortada porque Pablo siempre sería su bastón.

Dicen que el roce hace el cariño y eso es lo que debió pasar en aquella amistad. Tan cerca estaban el uno del otro, tan necesarios eran que la única unión que les faltaba era la sexual. Ambos lo consideraron como una unión inevitable y una vez que pasó la noche de sexo, la relación de pareja se dio por sentado. También era inevitable.

Con el paso de los meses, Lidia se preguntaba cómo había terminado por tener una relación de pareja con su mejor amigo. Mientras que su madre la advertía de que aquello podía terminar en desastre y perder así un novio y un amigo al mismo tiempo, Lidia solo veía las ventajas de vivir un hombre que la entendía, que la conocía y que hacía tiempo había aceptado su forma de ser.

Amigos verdaderos, amores falsos

Pero la realidad es que no es lo mismo aceptar las peculiaridades de una amiga que de una novia. Y Pablo, aprovechándose de la debilidad que aún acusaba Lidia desde el golpe, fue moldeando a su ahora novia para convertirla en la mujer que él quería. Y Pablo quería a su amiga Lidia espontánea, natural, caprichosa y divertida. Pero no quería una novia así.

Pablo quería una novia comedida, silenciosa, sin excesos, sin vaivenes, sin dudas, sin arranques, sin risas también. Poco a poco fue aniquilando la personalidad de Lidia de forma sutil, sin estridencias, como a él le gustaba. Y con el tiempo consiguió su objetivo. Consiguió una novia sombra, una novia callada y contenida y con el plus de ser totalmente dependiente de él.

Lidia intuía que estaba siendo anulada, pero no quería creer que su mejor amigo, una de las personas que más la querían en este mundo, estuviera tratando de hacerla desaparecer. No quería creerlo y no lo creyó. Hasta que se dio de bruces con la miseria de aquel que fue su mejor amigo, de aquel amor con el que pensaba pasar el resto de su vida. Y cuando lo vio, sin duda el resto de su vida empezó a ser mejor.

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