Historia de amor de princesas: la emperatriz Sissi y su amor encorsetado

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Tenía todos los elementos para que fuera una de las historias de amor más bellas de la historia y, sin embargo, la historia de Sissi y Francisco José estuvo dominada por el rígido protocolo y los intereses políticos. Un amor encorsetado por las obligaciones y la moral de la época que impidió a Sissi conocer el amor verdadero.

El flechazo de Sissi y Francisco José

Sissi no era una princesa corriente. Por ser la pequeña de dos hermanas, todas las miradas estaban puestas en su hermana Helena, así como todos los esfuerzos por convertirla en una dama educada digna de un príncipe, un rey o incluso un emperador. Fue por eso que Sissi creció con una educación menos rígida que su hermana, más libre y eso le venía muy bien a su naturaleza inquieta e hiperactiva.

Por eso todos se intranquilizaron cuando aquella tarde, el emperador austriaco Francisco José, cambió los planes sentimentales de toda la familia. Estaba previsto que el emperador conociera a Helena, que se gustaran y que se casaran. Así estaba previsto. Sin embargo, en la presentación de las familias, Francisco José se enamoró locamente de la hermana pequeña, de Sissi, desbaratando así todos los planes. Tuvo la suerte de que el flechazo fue correspondido por aquella jovencísima, casi niña, Sissi que quedó maravillada por aquella historia de amor de cuento que le esperaba.

En efecto, Sissi y Francisco José estuvieron muy enamorados. En efecto, eran la pareja ideal que despertaba todas las envidias de la realeza europea. Eran sencillamente perfectos y se adoraban el uno al otro. ¿Qué más podían pedir? Pues tal vez podían pedir que la suegra de Sissi no se inmiscuyera en los asuntos del matrimonio, que no le arrebatara a Sissi la custodia de sus hijos, que las obligaciones de Francisco José no fueran tan agotadoras, que las creencias de Francisco José no fueran tan rígidas. Todo eso y mucho más podían pedir.

Un amor encorsetado

Sissí no se adaptaba a la rigidez de la corte imperial, ni se plegaba fácilmente a los deseos de su suegra. Sissí era una mujer adelantada a su tiempo, inquieta, activa, participativa y solidaria. Además, su ingenio y sus ganas de vivir, de saber, de experimentar eran incompatibles con el carácter seco, insustancial, vacío de su marido, que estaba totalmente absorbido por las obligaciones del imperio sin que nada más le pudiera o le quisiera interesar.

Así, la princesa, ya emperatriz Sissi fue perdiendo resplandor. Intentó transformar su relación, llevando un estilo de vida más liberal, con ella alejada de la corte y aceptando sin escándalos a las amantes de su marido. Si la decepción amorosa de esa historia de amor de cuento que resultó ser un fraude iba desluciendo el brillo de Sissi, las desgracias familiares la fueron apagando literalmente.

La muerte de una de sus hijas y el supuesto suicidio de su hijo, el heredero, provocaron en Sissi un rechazo casi patológico a los asuntos de palacio. Puso kilómetros de distancia entre ella y su marido y, paradójicamente, eso les sirvió para unirse como nunca antes lo habían hecho. Si bien no se veían, en sus cartas de amor encontraban consuelo, complicidad y ese romanticismo del que nunca habían disfrutado cuando estaban juntos.

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