Historia de amor prohibido: secretos de amor

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Las normas de la empresa eran clarísimas. No se permitían las relaciones sentimentales entre compañeros de trabajo. Debió ser por eso que Gema se fijó en su jefe y no en algún compañero. Lamentablemente esa relación tampoco estaba permitida. Pero no lo pudo evitar. Gema se enamoró irremediablemente de su jefe Andrés con tan mala suerte que él también se volvió loco por ella. Y así fue como empezaron una historia de amor prohibida.

Amor en la cena de empresa

Enamorarte de tu jefe y que tu jefe sienta lo mismo por ti puede ser una situación envidiable por algunas personas. Sin embargo, no es la historia de amor ideal cuando en tu empresa no admiten ese tipo de relaciones entre empleados. Porque Andrés era el jefe, claro, pero siempre había más jefes por encima de él. Gema y Andrés se enamoraron en la cena de empresa de Navidad.

Hay que tener mucho cuidado en esas cenas de empresa porque puedes acabar llamando demasiado la atención, que es lo que le pasó a Gema. Como llevaba poco tiempo en la empresa, quiso deslumbrar a sus compañeros y vaya si lo consiguió. La verdad es que se le fue la mano con el vino y para el final de la noche alguien la tuvo que llevar a casa porque no estaba en condiciones de ir sola. Ese alguien fue Andrés.

Con este bochornoso comienzo, nada hacía presagiar a Gema que podría empezar una historia con su jefe. Gracias si no la despedía por el espectáculo ofrecido. Pero el caso es que Andrés no la despidió, sino que se quedó hechizado por aquella espontaneidad de Gema al volver al trabajo después del episodio de la cena. Una mujer valiente que afrontaba sus errores con naturalidad. Y con aquella sonrisa cautivadora.

Amor secreto

A pesar de las normas de la empresa, Andrés se lanzó premeditadamente a la conquista de esa mujer decidida. Y no le costó demasiado porque Gema estaba deseando que un hombre sexy, inteligente e ingenioso entrara en su vida. Su historia de amor era prohibida, aquello no podía ser, pero dos personas valientes como ellos estaban dispuestos a hacerlo posible.

Pasaron momentos de nervios, de angustia y de tristeza. En la oficina prácticamente ni se miraban por miedo a no poder controlarse y lanzarse a los brazos del otro. En casa fantaseaban con encuentros sexuales prohibidos en los aseos o en el despacho de Andrés. Pero nunca llevaban a cabo sus fantasías. Fue un error tonto. A Andrés se le escapó un detalle estúpido en una conversación tomando el café con media plantilla presente.

Y faltó tiempo para que alguien comunicara a los de arriba el delito que se estaba perpetrando en sus oficinas. Ni siquiera pidieron explicaciones. El despido les llegó a Andrés y a Gema al mismo tiempo. Y la verdad es que no era el mejor momento para quedarse en paro pero ninguno de los dos perdió la sonrisa. Ni las ganas. Ahora no tenían trabajo, pero tampoco tenían un secreto. Porque su amor ya no era prohibido.