Mujeres y hombres: las diferencias entre ser un 'superhombre' y ser 'supermujer'

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Andrés trabaja en el departamento de publicidad de una multinacional. Su trabajo le pide el contacto con el cliente, por lo que a su jornada laboral se le suman largas horas de comidas o cenas de negocios. Su mujer, Marta, es auxiliar administrativo en el Ayuntamiento, un puesto aburrido pero estable por el que renunció a su carrera de periodista cuando Andrés y ella decidieron formar una familia. Seguro que te suena esta situación, seguro que conoces la historia de mujeres y hombres que un buen día necesitaron superpoderes y solo un miembro de la pareja lo consiguió.

La condición de héroe en la pareja

Seguramente, te imaginas a la perfección cómo es el día a día de esta pareja de super héroes, a quién llaman del colegio cuando uno de los niños se pone enfermo, quién deja su trabajo para llevarle al médico, quién supervisa la mochila, quién prepara el bocadillo, quién ayuda a los niños a hacer los deberes o quién los lleva a extraescolares.

Casualmente es la misma persona que lleva el peso de las tareas domésticas, porque una casa no se mantiene limpia con tan solo una limpieza conjunta los sábados, la misma que organiza la compra, que llama al seguro cuando algo no funciona, que saca tiempo para visitar a sus padres y hacerles algún recado, que queda con su mejor amiga cuando tiene mal de amores o la misma que hace tiempo ya que no va al gimnasio.

Y mientras a nuestro Superman particular le premian con un ascenso en el trabajo que le proporcionará más prestigio, más dinero, pero también más responsabilidad, nuestra Supermujer acusa signos de agotamiento y desgana vital. Nuestra Supermujer se siente estafada por la vida, porque lo hizo todo bien, pero no se siente satisfecha.

El engaño de ser una Supermujer

La sociedad nos ha preparado para ser Supermujeres. La sociedad admira a la Supermujer. La sociedad nos ha engañado, porque este mundo no necesita Supermujeres, si acaso Superparejas. La condición de Supermujer no hace sino perpetuar una desigualdad de roles en la pareja. Mientras Superman viene con sus superpoderes incluidos de serie, la Supermujer tiene que ir ganándoselos sobre la marcha.

No molesten a Superman, que está intentando salvar el mundo. Con este objetivo de altos vuelos, la tarea de la Supermujer se queda en nada, lógicamente, porque no sale del ámbito doméstico. Qué mejor compañía para un héroe como Superman que una mujer capaz de multiplicarse, cambiar de personalidad según exigencias del guión y con habilidades múltiples. Resulta que la Supermujer acaba el día tan cansada que no tiene fuerzas para plantearse cambiar el guión.

El mito de la Supermujer no es más que una estrategia de marketing patriarcal. No es que no existan las Supermujeres, al contrario, no conocemos a ninguna que no lo sea. El problema es que nos hemos metido demasiado en papel de heroínas, de ser casi perfectas, de tenerlo todo bajo control, de ser imprescindibles. Y ahora estamos presas en ese papel.