Cómo cuidar adecuadamente la piel durante la madurez

Marta Valle

El cuidado de la piel cuando las mujeres pasamos los cincuenta años se convierte en un reto puesto que muchas esperan milagros cuando no han prestado la suficiente atención a esta parte de su cuerpo durante el transcurso de los años previos a esta etapa de sus vidas. Factores como el estrés, una alimentación inadecuada, el sedentarismo o una mala forma física pueden hacer verdaderos estragos en la epidermis. También la falta de hidratación puede generar arrugas ya que la piel tiende a secarse más de la cuenta. Sin embargo, tampoco debemos ser pesimistas puesto que siempre estamos a tiempo de proporcionar los cuidados necesarios.

Limpiar e hidratar la piel madura

Una vez que rebasamos esta edad, aunque tanto las arrugas como las líneas de expresión y las patas de gallo se hacen más patentes, la problemática más acuciante suele ser la flacidez de la dermis. Es por ello que resulta primordial centrarnos en combatir la ausencia de firmeza y de elasticidad que causan que la piel cuelgue más de la cuenta. Para ello, hemos de buscar en el mercado productos que aporten el colágeno y la elastina perdidos y que estén enriquecidos por otro tipo de ingredientes que pueden potenciar estas acciones como el ácido hialurónico o el retinol.

Para la limpieza de la piel, una vez pasados los cincuenta años, hemos de recurrir a productos cuyas fórmulas sean muy cremosas o que dispongan efectos tirantes. Cuánto más densa sea, al contrario que cuando somos jóvenes, es mejor puesto que hidratará una piel que a esa edad se más seca de lo habitual. Las cremas hidratantes, en un mismo sentido, han de ser consistentes con el objetivo de combatir la excesiva sequedad.

Una vez que cumplimos los cincuenta años, la clave del cuidado de la piel reside en la constancia. Para darle vida a nuestra dermis podemos recurrir a los sueros con acción abrillantadora o que contengan vitamina C. Como añadido los podemos buscar con efecto lifting, de forma que también podamos trabajar la falta de elasticidad, especialmente en el rostro.