Consejos para una piel muy seca: cómo hidratarla correctamente

Marta Valle

Aparte de la predisposición que tenemos cada una de nosotras a contar con un tipo de piel determinado, este órgano puede resecarse a causa de diferentes factores que no tienen por qué ser necesariamente evidentes. Los propios cambios climáticos y los factores vinculados a ellos pueden recrudecer la sequedad de nuestra dermis ya sea por una ausencia de humedad, o por un exceso de frío o de calor, según la estación en la que nos encontremos. El uso de determinados productos higiénicos como cremas o jabones también pueden potenciar este cariz.

Cómo actuar ante una piel excesivamente seca

La piel seca tiende a ser pobre en lípidos y con una marcada tendencia a la deshidratación, por lo que, dado el caso, va a necesitar de unos cuidados específicos que le ayuden a cumplir sus funciones básicas de protección y barrera contra las agresiones externas. Siguiendo una serie de consejos, podremos mantener nuestra dermis correctamente hidratada a la par que saludable y reluciente. Ante todo, debemos utilizar siempre productos suaves que no dañen la capa hidrolípica de la piel, y evitar el uso de tónicos astringentes o que contengan alcohol en su composición.

Un baño o una ducha diaria puede favorecer la correcta hidratación de nuestra piel, siempre que cumpla algunos requisitos: no debe superar un tiempo de diez minutos, ha de realizarse con agua tibia –evitando las temperaturas muy altas-, hemos de secar la piel de forma suave y aplicar un hidratante corporal en un plazo inferior a cinco minutos tras terminar el baño o la ducha. Resulta fundamental que utilicemos cremas hidratantes que estén especialmente diseñadas para pieles secas y que no contengan elementos como ácidos o derivados del retinol.

Debemos llevar cuidado, además, con la clase de cosméticos que utilizamos normalmente ya que para las pieles muy secas han de ser suaves y libres de alcohol o fragancias. En temporadas veraniegas, resulta adecuado usar protector solar diariamente previniendo, de esta manera, el envejecimiento prematuro. Los tejidos que empleamos habitualmente para vestirnos también pueden ser irritantes, como es el caso de la lana. Por último, especialmente si vivimos en zonas geográficas de interior, podemos plantearnos la posibilidad de utilizar un humidificador en nuestro hogar, sobre todo si tanto la refrigeración como la calefacción dependen de un aparato de aire acondicionado.