En qué consiste un peeling y tipos de exfoliación de la piel

Marta Valle

El peeling es un proceso de exfoliación que se realiza con el objetivo de disminuir las capas superficiales de la piel y poder llegar hasta las más profundas, promoviendo la aceleración del proceso fisiológico de renovación de las células. Aunque esta exfoliación puede hacerse en cualquier época del año, las estaciones frías resultan mucho más adecuadas para la efectividad de esta técnica ya que para la recuperación es importante evitar cualquier acción directa del sol. El peeling puede aplicarse en cualquier superficie corporal que posea piel, aunque lo más común redunda en la propia cara para después pasar a otras áreas como la espalda, las axilas, el cuello, los brazos o las piernas.

Tipos de peeling

El primer peeling al que podemos acceder es aquel que produce la descamación a base de sustancias químicas. Suele ser un tratamiento superficial que implica la utilización de diferentes clases de ácidos como el kójico, el glicólico, el salicílico, el cítrico, el retinoico o el mandélico. Estas sustancias generan pequeñas quemaduras –que no entrañan ningún tipo de riesgo para nuestra salud- en la piel que provocan la caída de las células muertas y la posterior regeneración de los tejidos. Existen diversos tipos de sustancias que se pueden usar para llevar a cabo el peeling químico y van a depender del tipo de piel y de la necesidad de la mujer en cuestión.

Encontramos, en segundo lugar, el conocido como peeling mecánico. Por un lado tenemos la técnica de dermoabrasión que se realiza con una máquina similar a un taladro que gira sobre la dermis y destruye las capas superficiales a través del proceso de descamación. Por otro lado, existe otra técnica denominada microdermoabrasión que consiste en la aplicación sobre la piel de pequeñas piedras o granos que se utilizan para exfoliarla.

Existe una tercera técnica de peeling, realizada mediante láser. Se trata del método de exfoliación más seguro que existe ya que se puede programar la máquina teniendo en cuenta la zona, el tipo de piel tratada y las necesidades del cliente en concreto. Se usa un láser que introduce, a través de la energía lumínica, pequeñas células repletas de agua en la piel. Resulta un tratamiento rápido, efectivo y profundo pero también suele estar al alcance de muy pocos bolsillos.