Cuidados básicos para pieles irritadas

Marta Valle

Tanto la piel seca como la que se encuentra irritada suponen problemáticas comunes tanto en niños como en adultos de ambos sexos. Es un tipo de dermis que está caracterizada por carecer de la suficiente hidratación y, sobre todo, por presentar un aspecto poco agradable, sin vida, cansado y rasposo. Se trata de una anomalía bastante molesta puesto que la irritación en sí misma puede provocar que la superficie cutánea se pigmente de color rojo, se inflame y sea sensible al tacto, lo cual puede suponer un problema tanto a la hora de relacionarnos con otras personas como al realizar una actividad tan común como la de vestirnos.

Causas que propician la irritación de la piel

Los factores que determinan la irritación de la dermis pueden disponer diversos orígenes, pudiéndose combinar algunos de ellos y determinar la gravedad con la que esta anomalía impacta en nuestro organismo. Algunas de las causas más frecuentes son: el abuso de alimentos basura, la calefacción combinada con el aire seco, no dormir adecuadamente, fumar en exceso, ducharse con agua muy caliente, falta de exfoliación, el padecimiento de otra patología como una dermatitis o el acné, deficiencias nutricionales y vitamínicas, ausencia de la suficiente hidratación, el estrés, la exposición inadecuada al sol, la tensión, el cloro de las piscinas, la utilización continuada de jabones irritantes y el propio frío.

Los síntomas que suele presentar este tipo de dermis pasan por la manifestación de determinadas alteraciones en la piel como pueden ser las escamas, la coloración roja, la inflamación, el acné, los granos, las grietas, los poros abiertos, las asperezas o el picor. Para lograr evitar la disposición de una piel irritada habremos de llevar a cabo, en primera instancia, una limpieza efectiva de la zona, eliminando, de esta forma, cualquier factor que pueda estar causando dicha anomalía.

También va a ser importante la aplicación de cremas hidratantes, especialmente si están enriquecidas con productos calmantes como el aloe vera. En los casos más graves, habremos de acudir al dermátologo, quién podrá prescribirnos fármacos corticoides. Resulta esencial, por otra parte, el control de la alimentación, ciñéndonos a la consecución de una rutina alimentaria sana y equilibrada, que sea rica en frutas y verduras frescas, especialmente las compuestas por vitamina E, fundamental para nutrir la piel.  

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