Cuando la discriminación por tener VIH sigue siendo real

¿Qué se siente al ser discriminado por tener VIH?

Tamara Sánchez

Cuando la discriminación por tener VIH sigue siendo real

El Virus de Inmunodeficiencia Humana o VIH infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función. En sus estadios más avanzados, aparece el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida o SIDA que se define por la presencia de alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o de cánceres relacionados con este virus, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). El VIH puede transmitirse por las relaciones sexuales vaginales o anales con una persona infectada, la transfusión de sangre contaminada o la utilización compartida de agujas, jeringuillas u otros instrumentos punzantes. 

Es cierto que actualmente el VIH no tiene cura, pero gracias a los tratamientos antirretrovirales se puede hablar de una cronificación de la enfermedad. Además, en muchos casos, se ha conseguido mantener una carga viral indetectable en sangre, lo cual significa que no existe riesgo de transmisión.  

A pesar de ello, la falta de información y desconocimiento hacen que a día de hoy todavía existan personas con VIH que sufren discriminación y son víctimas de la vulneración de sus derechos fundamentales. Así nos lo transmite Guillermo López Arilla, quien tiene el virus del VIH desde hace diez años  y en múltiples ocasiones ha sido objeto de situaciones discriminatorias. No debemos mirar hacia otro lado, la discriminación por tener VIH sigue siendo real. 

Discriminación por tener VIH en la familia

La discriminación por tener VIH comienza, en una gran cantidad de ocasiones, en la familia. Para los seres más queridos y las personas más allegadas no es fácil aceptar que un miembro de su familia ha contraído el VIH. “Yo se lo conté a mi madre el día que supe del diagnóstico. Se enfadó mucho conmigo. ‘¿Por qué nos has hecho esto? No te lo voy a perdonar’, me decía. Me comentó que sería un secreto, que no se lo diría a nadie porque menuda vergüenza”, declara Guillermo. Por suerte, en la mayor parte de los casos la situación se termina normalizando. “Mi familia pasó por varios estadios hasta llegar a la normalización. Enfado- se enfadan porque piensan que “tú te lo has buscado” y vaya papeleta para ellos ahora-. Estupefacción (¿cómo puede tener Guille el VIH si no es de “ésas personas que cogen el sida”?). Preocupación. Afectividad. Ganas de apoyar”, relata nuestro entrevistado. 

La ayuda por parte de un profesional y la información acerca de lo que en realidad supone tener un virus como el VIH son dos factores fundamentales para alcanzar esa aceptación por parte de la familia y no sentirse apartado, aislado o discriminado por ella. “Ayuda mucho cuando tu familia habla con tu médico y éste les informa del carácter crónico del VIH. Al estar informados mediante un profesional,  se tranquilizan y alejan el VIH de los imaginarios de muerte y degeneración. También interiorizan que el VIH sólo se transmite en casos muy concretos que no se dan en una convivencia. Hoy en día, a mi familia no le preocupa especialmente que yo tenga VIH porque saben que tomo tratamiento y hay un control. También les ayuda el no ser conscientes realmente del estigma del VIH ni de que hay otras vulnerabilidades a la salud asociadas al VIH, más allá de enfermedades oportunistas o del sida”, concluye. 

Discriminación por tener VIH en la amistad 

Cuando la discriminación por tener VIH sigue siendo real

Cuando se produce el diagnóstico del VIH, el círculo de amistades también tiende a generar sus propias opiniones alejándose o uniéndose aún más a la persona afectada. No en todos los casos se produce discriminación, pero tal y como nos cuenta Guillermo, muchas de las personas que crees que son tus amigos te apartan de su lado por creer erróneamente que les vas a contagiar. “Yo he tenido incluso amistades que han preferido no estar a mi lado porque no han estado de acuerdo con mi idea de no explicitar mi estatus serológico ante ligues; me han juzgado por no ser visible- “tienes que decirlo siempre para que la otra persona decida si quiere o no estar contigo”- y hemos tenido roces ante los cuales ellos han optado por terminar la amistad. También hay personas que te apoyan y comparten tus decisiones, personas mentalmente sanas que en caso de tener prejuicios se esfuerzan por romperlos y aprender”, explica Guillermo. Además, añade: “Mi idea es ser visible sólo cuando considero que se generan sinergias de apoyo. Nunca ha sentido necesidad de contarlo; cuando lo he hecho me lo he tomado más como un gesto de solidaridad ante un contexto social (para normalizarlo y ayudar a otras personas) o de reciprocidad en una relación afectiva (te lo cuento de igual manera que tú me cuentas tus cosas íntimas, porque confiamos el uno del otro). No aceptemos imposiciones de visibilidad cuando vivimos en una sociedad que no percibe adecuadamente a las personas con VIH”.

Discriminación por tener VIH en el amor 

Uno de los aspectos más difíciles de afrontar cuando te detectan el VIH es el hecho de buscar pareja. En muchas ocasiones, los prejuicios de la sociedad actual hacen que por mucho que hayas conectado con una persona y congenies a la perfección con ella, esta te rechace solo y exclusivamente por padecer esta patología. “He aparecido en múltiples medios de comunicación, lo cual da una visibilidad máxima. Esto ha provocado que en múltiples ocasiones, antiguos amantes con los que tuve prácticas seguras me hayan llamado para insultarme o amenazarme. También he recibido avisos en redes sociales con mi foto y un mensaje de “Cuidado, que tiene VIH y no lo dice”. La de veces que me han amenazado con denunciarme…”, cuenta Guillermo. Y esto no es todo: “Chicos con los que empiezas a intimar en un ambiente nocturno, pero cuya relación se termina abruptamente cuando uno de sus amigos se le acerca para avisarle que tenga cuidado porque tienes VIH (“oye, mi amigo me dice que tienes el sida, ¿es verdad?”). Relaciones sentimentales que terminan (no siempre, eh) una vez que se enteran del estatus serológico…”, añade.  

Discriminación por tener VIH en el trabajo

La discriminación por tener VIH en el terreno laboral no se queda atrás. De hecho, es uno de los ámbitos donde más discriminaciones se producen por padecer esta enfermedad. Así lo demuestra la experiencia de Guillermo: “A veces he estado cocinando para un grupo y me han pedido que no lo hiciera por temor a que me hiciera un corte y pudiera transmitir el virus- hay que informar que el VIH no se transmite aún en el improbable caso de que caiga sangre infectada a una comida-“.

Lo peor viene a la hora de encontrar trabajo: “En mi caso concreto he contado que tenía VIH cuando mi trabajo no dependía de clientes o de empresas. Si no, podría haber tenido problemas. Sé de muchas personas con VIH a las que les han despedido una vez que lo han contado: está la idea de que una persona con VIH no puede ser un buen trabajador porque se le considera potencialmente débil, y además se considera que mejor no tener empleado o compañero con VIH “por si acaso”. Bajo todo ello, está la idea de que una persona con VIH no es una persona igual a los demás. Los estigmas son así”, expresa Guillermo.

La discriminación por tener VIH se puede erradicar

A pesar de todos los obstáculos que hay que superar y de que la discriminación por tener VIH sigue siendo real a día de hoy, nos quedamos con el mensaje positivo que nos transmite Guillermo: “Muchas veces cuando dices el estatus serológico no siempre te encuentras con discriminación. De hecho, en mi experiencia, casi siempre las personas que me importaban han conseguido normalizarlo. Pero el hecho de haber encontrado en ocasiones rechazo hace que sientas que no tienes control y que sí puede pasar esta vez. Que estás en manos de otra persona. Eso te ocasiona fragilidad. Hay que trabajar la autoestima, para darte cuenta de que no hay nada equivocado en ti cuando hay un rechazo o una amenaza de ello”, concluye. 

El mensaje es claro: La discriminación por tener VIH se puede erradicar y está en manos de todos el conseguirlo.