Frío para el dolor de espalda: ¿cómo y cuándo?

Frío para el dolor de espalda

Cuando aplicamos frío en una zona de la espalda que se encuentra lesionada, lo que buscamos es reducir con inmediatez tanto la inflamación como la sensación de dolor. Su uso está recomendado para patologías agudas como esguinces, pequeñas roturas de fibras, contusiones o para descargar las articulaciones después de la práctica de algún tipo de ejercicio físico. De todas formas, para este tipo de remedios caseros hemos de tener en cuenta que si los dolores persisten en el tiempo, habremos de acudir a un médico para tratar el área afectada de una zona mucho más profesional.

Cómo aplicar frío para las dolencias de espalda

Tanto en farmacias como en ortopedias podemos adquirir una suerte de bolsas, rellenas de un gel especial, que se pueden introducir en el frigorífico para su enfriamiento. Dadas sus características, esta sustancia nunca llega al punto de congelación, simplemente se mantiene frio, de forma que la podamos moldear una vez la apliquemos en la zona que esté siendo afectada por la lesión. Existe una alternativa más pedestre, que consiste en la aplicación de la tradicional bolsa llena de cubitos de hielo, sin embargo resulta un formato menos efectivo porque, en ningún caso, va a alcanzar a todas las partes de la articulación cómo sí lo hace el gel mentado.

También resulta adecuado no realizar la aplicación de forma continua. Es más recomendable usar el frío un máximo de 15 minutos para después dejar un tiempo considerable de reposo. Así podemos evitar la aparición de un efecto rebote. La exposición prolongada al frío va a hacer más lenta la circulación sanguínea y, por tanto, va a provocar que el cuerpo envíe sangre de forma masiva a la zona una vez retirado el hielo. Si nuestra problemática redunda en una inflamación, este efecto rebote recalentará el área y reavivará la hinchazón.

Debemos evitar exponer la piel directamente al hielo o la bolsa congelada, ya que podemos provocar lesiones superficiales tales como quemaduras o irritaciones. Por tanto, resulta conveniente utilizar una servilleta o un paño para aislar la piel del contacto directo del frío.

Marta Valle  •  jueves, 2 de mayo de 2013

DF Temas

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