La leyenda africana del castigo de los monos que te dejará sin habla

Historia de África sobre los monos y los hombres

Azucena Zarzuela, Periodista
En este artículo
  1. El origen de la leyenda del castigo de los monos
  2. La leyenda africana sobre los hombres y los monos

El origen de la especie humana tiene tantas teorías como creencias y religiones hay en el mundo. Y luego están los científicos que vienen a poner orden con demostraciones empíricas y tirando de arqueología para explicarnos que los monos son nuestros primos hermanos y nosotros solo una raza algo más evolucionada (o no, porque muy evolutivo no debe ser ir contra el planeta que nos acoge. Pero ese es otro tema).

El caso es que en la leyenda africana del castigo de los monos, la historia se centra en que hubo una vez en que monos y hombres convivían juntos. Pero algo pasó para que los monos acabasen finalmente en la selva... ¡El relato te dejará sin habla

El origen de la leyenda del castigo de los monos

Cuenta una antigua leyenda africana que hace miles de años los monos y los humanos vivían en armonía y en igualdad de condiciones compartiendo pueblos y aldeas. Incluso, ambas especies trabajaban mano a mano desarrollando juntos todo tipo de actividades. Y es que, los monos también tenían la capacidad de hablar.

Pero llegó el día de la discordia. Los hombres decidieron celebrar una gran fiesta, tan colosal que debía ser recordada años después. Los tambores no cesaron de sonar durante toda una semana y litros de vino de palma corrieron entre los habitantes mientras éstos se entregaban al baile y al desenfreno. Más de 200 tinajas se sirvieron y nadie pudo evitar la tentación de acabar ebrio. Hasta el jefe de la tribu sucumbió a los efectos del alcohol, que duraron varios días.

Aún borracho, el jefe de la tribu quiso visitar la aldea de los monos tras concluir los festejos. Bajo los efectos del alcohol llegó nuestro protagonista hasta los monos con piernas temblorosas, visión nublada y lengua de trapo. Y, ¿cuál fue la reacción de los simios? Pues la carcajada ante tal espectáculo. Durante largo rato los monos se burlaron y rieron del jefe de los hombres hasta que éste, sintiéndose humillado, decidió marcharse muy enojado.

Habría represalias. El jefe de los humanos decidió acudir ante el dios Nzamé y quejarse de la falta de respeto de los monos y de su mal comportamiento. Al dios no le quedó otra que prometer justicia. Y fue así como convocó al líder de los monos para exigirle explicaciones. Silencio fue solo lo que pudo argumentar el reprendido mono. Y llegó el castigo: los monos fueron condenados desde entonces a vivir el resto de sus vidas al servicio de los hombres para reparar su falta.

La leyenda africana sobre los hombres y los monos

Sin embargo, las cosas no iban a ser tan fáciles. Cuando los hombre requirieron el servicio de los monos, éstos se negaron gritando que jamás trabajarían para ellos. No era momento de volver a acudir a los dioses, los hombres se tomarían la justicia por su mano para castigar la insolencia de los simios.

La trampa se estaba gestando. Otra gran fiesta fue organizada. Y en esta ocasión algunas tinajas de vino fueron mezcladas con hierbas narcóticas y marcadas con un símbolo para que ningún hombre se equivocara y bebiera de ellas. Esta vez fueron los monos quienes bebieron sin control. La pesadez en sus párpados pronto se manifestó y rápidamente todos quedaron dormidos. Ocasión, que los hombres aprovecharon para atarlos.

La venganza se sirve en plato frío en esta leyenda africana. Cuando los monos despertaron, se encontraron inmovilizados con cuerdas. Fue le momento en el que los hombres decidieron apalearlos para doblegarlos y conseguir que una vez fueran liberados se encargaran de realizar las peores tareas de la aldea.

Con el tiempo, la rebeldía y la búsqueda de su libertad volvió a apoderarse de los monos, quienes tramaron denunciar ante los dioses a los hombres por su sometimiento. Pero la conjura fue frenada antes de que Nzamé pudiera escuchar sus quejas. Los hombres decidieron cortar a los monos la lengua y dejarles sin habla. Ya solo quedaba escapar y refugiarse en lo más profundo de la selva, desde donde aún hoy siguen emitiendo sus chillidos y saltando como si continuasen recibiendo latigazos.

Afortunadamente cada vez hay más conciencia social de cuidar y proteger a los animales con los que convivimos en la Tierra. Esa debe ser nuestra única lucha.

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