Leyenda africana de Bamako: una intensa lucha contra la oscuridad

Relato sobre la oscuridad de la noche que proviene de África

Azucena Zarzuela

¿De qué trata la leyenda africana de Bamako? ¡Te va a encantar!

La noche siempre es misteriosa con su oscuridad, e incluso puede ser terrorífica porque es cuando nuestros miedos se nos presentan y nos acompañan en nuestros sueños. Y si ahora la oscuridad nocturna enmascara y cubre las fechorías del Mal imaginaos si la Luna y las estrellas no existieran y no pudieran encenderse en el cielo para dar un poco de luz y dejar la puerta abierta a la esperanza de la Bondad. 

Pues precisamente de esta temática trata la popular y tradicional leyenda africana de Bamako, de una intensa lucha contra la oscuridad a través de los preciosos ojos de una niña. ¿Quieres saber más sobre esta bonita historia que ha pasado de generación en generación? ¡No te la puedes perder!

El tradicional cuento africano de Bamako

El original cuento africano de Bamako

Hay un cuento africano, que la tradición oral nos ha dejado en herencia, que nos recuerda que hace muchos años la Luna no recibía la luz del Sol, por lo que no podía iluminar el cielo por las noches. Más allá del fuego de los hogares, al caer el Sol tras el horizonte, todo pasaba a ser oscuridad. La pequeña aldea de  Kikamo estaba acostumbrada, por lo que su actividad solo la desarrollaba durante el día.

Aquí vivía una pequeña muchacha llamada Bamako, quien será nuestra autentica protagonista. Alegre y dulce como era, sus días los dedicaba al juego con sus amigos, a ayudar a sus mayores en las tareas cotidianas y a aprender la tradición de su pueblo. Pero en ella destacaba una cualidad: sus ojos. Éstos brillaban en su rostro como si de dos estrellas se trataran. Por ello, con admiración y respecto, la agasajaba todo el pueblo. Y es que, aunque aún no lo supieran Bamako era una niña especial. Presentada nuestra protagonista, volvemos al relato.

El fin de la oscuridad en la leyenda africana de Bamako

La bonita leyenda africana de Bamako

Kikamo sufría todas las noches. Soldados que provenían del norte aprovechaban la oscuridad para atacar la aldea sin piedad. Noche tras noche se sumaban las pérdidas materiales y las víctimas. Poco se podía hacer. La negrura de la noche protegía sus ataques hasta que despuntaban los primeros rayos de sol y huían con sus botines. Eran canallas cobardes que no daban la cara. Sus fechorías no tenían límites y a todo aquel que les oponía resistencia acababa en el mundo de los muertos al amanecer.

La aldea cada vez era más pobre y contaba con menos hombres para su defensa. Cuando la desesperación se adueñó del pueblo, la pequeña Bamako, en una noche de batalla, recibió una visita muy especial: el espíritu del dios N'togini. Éste le comunicó que solo ella podría salvar a su aldea del desastre al casarse con su hijo Djambé, quien vivía al otro lado del río oculto en una gruta.

El Dios le explicó que si ella aceptaba el enlace, su enamorado hijo la alzaría al cielo desde donde con sus ojos podría iluminar el territorio por las noches y así poder dar luz y protección a su necesitado pueblo. Los guerreros ya no contarían con la oscuridad como aliada para ejecutar sus maldades.

Bamako no lo dudó. "¿Qué tengo que hacer?", fueron sus palabras. "Subirás a la cima de la gruta donde vive Djambé y en el momento en el que el Sol empiece a ocultarse te arrojarás al río, donde mi hijo te atrapara en la caída", fue la respuesta. Y así se hizo. La joven amaba a su pueblo y cualquier sacrificio era pequeño si con ello les daba una oportunidad de sobrevivir a los ataques. Con valentía Bamako escaló la montaña y con más valentía aún se lanzó a las profundas aguas. Pronto fue envuelta por los brazos de Djambé, quien cumplió la promesa de su padre y la elevó al cielo.

El milagro se comprobó al anochecer. Por primera vez, cuando el sol desaparecía el cielo volvía a iluminarse gracias a los brillantes ojos de la joven sacrificada. La luz nocturna le dio a su pueblo la posibilidad de deshacerse de los soldados que tanto daño habían causado. Y desde entonces, noche tras noche, el rostro de Bamako lo ilumina todo, llevando no solo luz sino también paz a los hogares.

 

¿Qué te ha parecido esta bonita leyenda sobre la lucha contra la oscuridad? ¡Es tan bonita que no dudamos en que no pararás de leerla! Y tú, ¿conoces alguna otra leyenda africana? No dudes en contárnosla en los comentarios.