Historia de amor de Halloween: conjuros de amor eterno

Aquella noche de Halloween comenzó una historia de amor que duraría eternamente

Tamara Sánchez

No podía dejar de pensar en él. Desde aquella fiesta de Halloween, Claudia se había quedado loca por un misterioso desconocido de ojos verdes, mirada intensa, brillante y una sonrisa que la hechizó desde el minuto cero. Aquella noche de Halloween comenzó una extraña historia de amor de Halloween que duraría eternamente. Una historia de amor entre una mujer disfrazada de bruja y un hombre disfrazado de sí mismo.

Historia de amor en la noche de Halloween

Claudia acudió a la fiesta de Halloween ataviada con un vestido rojo larguísimo. Rojo por toda la pasión que pensaba derrochar y rojo por la sangre que debía derramar para hacer los conjuros, los hechizos de amor, o desamor; lo que surgiera. Supo hacia quién iba a dirigir toda su magia en cuanto su mirada se cruzó con aquellos ojos verdes que se lanzaron a por ella.

El desconocido y Claudia intercambiaron pocas palabras pero mucha energía y dieron por terminada la fiesta demasiado pronto. Claudia acabó sin saber muy bien cómo en casa del desconocido, en su habitación, en su cama. Y pasó la mejor noche de Halloween, la mejor noche de su vida bajo las sábanas de un hombre al que acaba de conocer pero al que estaría irremediablemente ligada eternamente. Ahí estaba, por fin, su para siempre.

Al despertar Claudia se sentía confusa. Una mezcla desconocida de satisfacción apabullante y de inquietud. Prisa por dar un paso más, por seguir disfrutando del amor desmedido de aquél desconocido que se había convertido en el motor de su vida. Miró el cuerpo sin vida de su amor, se vistió despacio, observándole, intentando retener sus facciones, metió la esencia en su bolso y se marchó.

Hechizos de amor en Halloween

Se marchó corriendo a casa con la urgencia de seguir amando a aquél desconocido. Sacó de su bolso su esencia, el minúsculo frasco con las gotas de sangre que conseguirían retener al amor de su vida. Por fin. Tantas historias de amor con finales tristes, tantas decepciones, tantos fracasos sentimentales, tantos engaños de hombres tóxicos. Ahora tenía en su mano el amor verdadero y para siempre.

La fórmula mágica que conseguía mantener el amor para siempre era sencilla. Sólo se necesitaba unas gotas de sangre del hombre elegido, un cabello de la propia Claudia y unas gotas más de aquél extraño líquido que le había dado una zíngara en uno de sus viajes. El elixir del amor eterno estaba casi listo y solo necesitaba bebérselo de un solo trago mientras visualizaba cada una de las facciones del hombre elegido.

El hechizo de amor funcionó. Fue en el siguiente Halloween y en cada noche de Halloween durante toda su vida. Claudia recibía en su casa, vestida con el mismo vestido rojo larguísimo, al mismo desconocido de ojos verdes, que acudía puntual a su cita anual. Un amor que duró para siempre, aunque sus encuentros fueran una sola noche al año. Pero un amor eterno.

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