Historia de amor en el internado: rompiendo las normas

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Se cumplió la amenaza. Los padres de Patricia se avergonzaban de esa hija díscola, rebelde, que no encontraba su lugar, que repetía un curso escolar tras otro y, sobre todo, que no encajaba en absoluto dentro del exclusivo círculo social al que pertenecía su familia. Varias veces la habían amenazado con enviarla a un internado si no mejoraba sus notas y finalmente, cumplieron su amenaza. El nuevo curso escolar comenzaba para Patricia en un internado abarrotado de rigor y disciplina. Y lo que en un principio parecía un infierno, se convirtió en su particular paraíso para vivir una historia de amor.

Un amor que rompe las normas

Era un internado femenino, pero eso no implica que no hubiera hombres merodeando alrededor de las chica, desde profesores hasta personal de limpieza, pasando por operarios de mantenimiento. Fue precisamente uno de estos operarios de mantenimiento, Marcos, el objetivo que se fijó Patricia la primera semana de curso, cuando fue a su cuarto a colocarle una lámpara.

No era la primera vez que una alumna del internado se fijaba en Marcos, porque desprendía un atractivo al que era difícil resistirse. Así, por la cabaña de Marcos, situada un poco apartada pero en el propio jardín del internado, habían pasado infinidad de chicas de las distintas promociones. Y en cuanto vio a Patricia, supo que ella iba a ser la siguiente.

Lo que no sabía Marcos es que Patricia era una chica tenaz y obsesionada con la libertad. Tampoco sabía que no estaba dispuesta a esperar el año escaso que le quedaba para la mayoría de edad y poder alejarse, por fin, del clan familiar. El objetivo de Patricia era Marcos, pero porque lo veía como un vehículo hacia la libertad. ¿Que no era amor? Lo cierto es que sí había amor, pero por el momento no era lo que más le importaba a Patricia, ni mucho menos a Marcos.

Amor a pesar de todo

Empezaron con un amor clandestino. A Patricia no le resultaba difícil salir por la noche sin que la vieran hasta la cabaña de Marcos, ya que todo estaba dentro del mismo recinto. Allí pasaban noches de amor y confidencias con reservas. Patricia le contaba sus sueños de huída y Marcos la seguía el juego jurando que haría lo posible para que lo lograra. Los días pasaban entre una nube somnolienta por la intensa vida nocturna y los profesores empezaron a vigilar de cerca a una Patricia que se dormía en clase y que no participaba de ninguna actividad.

Fue por esa sospecha de los profesores que la dirección del internado se enteró del romance que vivía su operario de mantenimiento con una de sus alumnas. Y Patricia se alegró porque había llegado su momento. Ella supuso que el internado despediría a Marcos y ella se iría con él. Nada parecido. Porque no era la primera vez que ocurría una de estas historias de amor prohibidas entre sus muros y porque el internado sabía lavar sus trapos sucios sin escándalos.

Como no despidieron a Marcos, pero sí pusieron vigilancia a Patricia, ella se encerró en sí misma. Dejó que la angustia la invadiera hasta el punto de ponerse enferma, pero los profesores querían esperar un poco más antes de alertar a la familia. En ese momento Marcos reaccionó al amor. Supo que si no actuaba perdería a Patricia, en el sentido más amplio. Y cuando se lo imaginó, no pudo soportarlo. Así que Marcos dejó su trabajo el mismo día que recogió a Patricia de su habitación y se marcharon lejos a vivir su historia de amor.

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