Historia de amor en Facebook: amor en las redes sociales

Tamara Sánchez

En una época en la que las redes sociales y la tecnología forman parte de nuestra vida diaria, la manera de relacionarse e incluso de enamorarse también ha cambiado. Y sino que se lo digan a Noa Clark. Fue su aburrimiento, su curiosidad y su cuenta de Facebook las que le hicieron toparse con la mejor historia de amor de su vida. Una noche, decidió probar a buscar su propio nombre y apellido en esta red social. Únicamente para ver si alguien lo compartía. En su pantalla de ordenador salió solamente una coincidencia y era un chico: Noa Clark. Allí estaba él. Por su foto de perfil parecía muy guapo: ojos color miel, piel bronceada y pelo corto y castaño. Vale que solo era una imagen y que las apariencias engañan, pero ella se sintió atraída desde un primer momento por él. Según la descripción de su biografía, tan solo tenía un par de años más, así que decidió enviarle un mensaje: “¡Hola! Tenemos el mismo nombre y apellido. ¡Cómo mola!”

Él no contestó hasta pasadas dos semanas. De hecho, ella ya pensaba que no obtendría respuesta e incluso se había olvidado del tema. Pero una tarde, recibió una notificación en su móvil: “¡Qué fuerte! ¡Alguien que se llama igual que yo! ¡Y una chica! ¿Seremos primos? jajajaja”. Intercambiaron algunos mensajes más por Facebook y pronto se dieron sus teléfonos móviles para continuar la conversación por Whatsapp.

Lo primero que hicieron es investigar si había algún parentesco familiar entre ellos. Les parecía muy extraño llamarse y apellidarse exactamente igual y que no hubiera ningún tipo de unión, pero lo cierto es que por más que buscaron no encontraron enlace alguno. De hecho, vivían en ciudades distintas separadas por más de 2.000 kilómetros de distancia.

Amor en las redes sociales: Historia de amor en Facebook

Conectaron muy rápido. Había mucha química y complicidad entre ellos. Además de compartir el mismo nombre, también compartían las mismas aficiones. A ambos les encantaba escaparse a la playa para hacer surf y eso les unió muy rápidamente. Cada tarde al regresar del trabajo, se enganchaban a sus teléfonos móviles y pasaban horas y horas charlando sobre los diferentes tipos de olas gigantescas que habían sido capaces de esquivar a lo largo de los años que llevaban practicando ese deporte.

Ella se sentía muy cómoda hablando con él. Le gustaba cómo escribía, lo que decía y cómo la hacia sentir. En cuestión de semanas se convirtió en una persona esencial en su vida. Noa ya no se imaginaba llegar a casa y no encontrárselo al otro lado de la pantalla, aunque la situación le parecía muy rara. Ese chico la gustaba, pero no le conocía físicamente. Ella jamás había creído en los amores virtuales, de hecho se reía cada vez que una amiga la contaba que estaba conociendo a un chico por internet. “¿Flechazo por la red? Eso no existe”, pensaba. Pero ahora era ella la que estaba viviendo la experiencia y por mucho que lo intentara ocultar se estaba enamorando.

Encuentro y amor real

Una tarde al llegar a casa, Noa se encontró como siempre un mensaje en su teléfono: “He pensado que después de todo el tiempo que llevamos hablando, ya es hora de conocernos personalmente, ¿no? Sé que vivimos lejos el uno del otro y es difícil, pero ¿qué te parecería si quedamos en una playa intermedia y pasamos unos días practicando surf juntos? ¡Creo que ha llegado el momento de que me demuestres cuánto sabes! Podemos incluso hacer una competición si quieres, ¡lo pasaremos genial!”.

A Noa se le aceleró el corazón al leer la propuesta. ¿Conocerle en persona? ¡Pues claro que sí! ¡Lo estaba deseando! Rápidamente encendió el ordenador para reservar el billete de avión. Sin embargo, tener el mismo nombre y apellido también conlleva sus problemillas y las compañías aéreas cancelaron la reserva. Detectaron que se habían comprado dos billetes de avión con el mismo nombre al mismo lugar el mismo día y pensaron que se trataba de una equivocación. Al verlo, Noa quedó destrozada, pensaba que no iba a poder reunirse con el chico de sus sueños, pero, por suerte, él tenía un amigo piloto que pudo resolver rápidamente la situación.

A la semana siguiente Noa (ella) y Noa (él) pudieron conocerse. Se abrazaron al verse, sintieron sus cuerpos el uno cerca del otro, superando cualquier barrera, más allá de cualquier pantalla de móvil. La conexión fue instantánea. Pasaron unos días maravillosos entre olas, comprobaron que la complicidad era real, que no se trataba únicamente de algo virtual, que lo que había entre ellos traspasaba toda red social. Los dos sentían lo mismo, los dos querían luchar por ese amor que estaba empezando a nacer. Un amor que apareció en el momento y lugar más inesperado, un amor con el mismo nombre y apellido: Noa Clark.

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