Historia de amor de verano: Eligiendo entre el amor y la amistad

Tamara Sánchez

Historia de amor de verano

A Noelia cada día le gustaba más Aitor. Aitor era un chico nuevo que se había mudado hacía unos tres meses a la misma urbanización en la que vivía Noelia y, aunque sus apartamentos no estaban en el mismo bloque de pisos, coincidían todos los días en la piscina comunitaria. Al principio, no se atrevían a hablarse. Los dos eran muy tímidos, pero sus miradas les delataban. Se atraían mucho el uno al otro. Fue Aitor, quien pasadas unas semanas, dio el primer paso: “¡Hola! Soy nuevo aquí. Me he mudado hace unos días y estoy un poco perdido. ¿Conoces algún sitio chulo para salir a tomar algo por el barrio?”, preguntó. Noelia rápidamente se ofreció a hacer de guía turística y así comenzó su amistad. Congeniaron enseguida. Noelia lo había dejado hace poco con su novio y, a pesar de haber pasado un tiempo destrozada, sentía que con Aitor estaba volviendo a recuperar la ilusión y las ganas de enamorarse de nuevo. Con él podía hablar de todo y no había día en que no rieran a carcajada limpia por cualquier mínima tontería.

Aitor era dulce y atento con ella, justo todo lo contrario que su ex. Además, ella estaba segura de que él sentía lo mismo, pero, por desgracia, no todo era perfecto. A Rosa, vecina y mejor amiga de Noelia, también le gustaba Aitor. Hablaba de él siempre que tenía oportunidad cuando estaban las dos solas, y cuando estaban los tres juntos en la piscina, se notaba a la legua que suspiraba por llamar su atención.

Rosa no sabía nada de los sentimientos de Noelia porque esta tenía miedo de que al confesárselo se enfadara con ella. Al fin y al cabo eran amigas desde los tres años, siempre habían estado juntas apoyándose en todo y no estaba dispuesta a que nada ni nadie se interpusiera en su amistad. Noelia estaba decidida a olvidarse de Aitor como fuera. Con todos los chicos que había en el mundo, no era justo pelearse por el mismo.

Arrepentimiento

Una tarde, al salir de trabajar, Noelia y Aitor quedaron en la piscina. Rosa había tenido que coger un avión el día anterior por un viaje de negocios con su empresa, por lo que esa tarde estarían solos. A Noelia no le parecía buena idea estar a solas con Aitor, pero era una buena oportunidad para contarle todo y decirle que a partir de ese momento deberían alejarse el uno del otro. Era lo mejor por el bien de los dos y de Rosa.

La tarde pasó volando, Noelia se sentía tan bien con Aitor que se olvidaba del mundo entero. Cuando anocheció, Aitor acompañó a Noelia a su portal. Al llegar, los dos se quedaron en silencio. A Noelia no le salía ni una sola palabra. Lentamente, sin esperárselo, Aitor se acercó a ella y la abrazó. Noelia era incapaz de separarse de él así que, sin decir absolutamente nada, apoyó la cabeza en su cuerpo. Él la sujetó delicadamente la barbilla, alzó su cabeza hacia el frente y la besó. Un beso lento, dulce, cariñoso. En cuestión de segundos estaban en casa de Noelia. Los dos allí de pie en la habitación besándose apasionadamente. Aitor desabrochándola despacito el bikini hasta dejarlo caer al suelo, acariciándola como nunca antes lo habían hecho. Haciéndola suya.

Eligiendo entre el amor y la amistad

A la mañana siguiente Noelia despertó del sueño. ¡No podía creerse lo que había pasado esa noche! “¿Qué iba a pensar Rosa?”, se dijo a sí misma. Rápidamente se vistió y escribió una nota para Aitor: “Esto no puede ser”. La dejó encima de la mesilla de noche y salió corriendo a trabajar dejando allí dormido a ese chico que la volvía loca.

Noelia estaba muy arrepentida por lo que había pasado y la semana siguiente la pasó evitando a Aitor y a Rosa… ¡no podía ni mirarles a la cara! Solo deseaba que acabara el verano para no tener que coincidir con ellos en la piscina.

Una mañana, al despertarse, Noelia se dio cuenta de que la situación no podía continuar así. Tenía que coger las riendas de su vida y contarle a su mejor amiga lo que sucedía. ¡Bastaba ya de secretos! La mandó un WhatsApp para quedar esa misma noche a cenar en el restaurante al que iban siempre juntas.

Cuando llegó allí, alguien se acercó por su espalda y le tapó los ojos. Se dio la vuelta y ¡era Aitor! “¿Qué haces aquí?”, preguntó Noelia alucinada. “Noelia, te quiero. Quiero estar contigo y sé que tú también. Rosa lo sabe todo y ha preparado esta cita para nosotros. Es tu amiga y lo único que quiere es que seas feliz. Quiere que lo seas conmigo”, dijo. Noelia se acercó a Aitor y le besó deseando con todas sus fuerzas que ese momento fuera eterno.

Ahora, cuatro años después de ese intenso y caluroso verano, Noelia y Aitor se van a casar, y todo gracias a Rosa. Porque el amor y la amistad no siempre tienen por qué estar reñidos.

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