Los amantes de Teruel: la historia de amor de un beso trágico

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

No queremos pensar que las historias de amor con final feliz no existen, pero lo cierto es que la historia y las leyendas están llenas de amores trágicos y dramáticos, como la de Romeo y Julieta, la de Cleopatra y Marco Antonio o la más cercana de los amantes de Teruel.

Seguramente habrás escuchado en más de una ocasión la expresión "los amantes de Teruel: tonta ella, tonto él". El significado de esta expresión encuentra su origen en las burlas medievales hacia los amores trágicos. Y es que la historia de los amantes de Teruel es una auténtica historia de amor trágica.

La historia de amor de los amantes de Teruel

La historia de amor de los amantes de Teruel es una de tantas historias de amor imposible, de amor prohibido, que encuentra su principal obstáculo en la oposición de las familias. Nos situamos en pleno siglo XIII para situarnos en el Teruel donde vivían Isabel de Segura y Juan Diego Marcilla. Ella, de familia adinerada; él, de familia modesta.

Isabel y Juan se conocían desde niños, habían pasado la infancia juntos y la amistad infantil dio paso a un amor adolescente que se consolidó con su primer beso de amor. Dispuestos a pasar toda la vida juntos, Juan pide la mano de Isabel, pero el padre de ésta se niega alegando que Juan no tiene los suficientes medios económicos como mantener a su hija como se merece.

Juan no va a desistir de su amor así de fácil y pide de plazo cinco años para unirse a las Cruzadas y volver cargado de prestigio y dinero. El padre de Isabel accede pensando que jamás conseguirá regresar y la propia Isabel se muestra conforme con este acuerdo que implica una larga espera y una separación, pero que a la vez augura ver cumplido su deseo de casarse con su amor.

Pasados los cinco años, Juan aún no ha vuelto y el padre de Isabel se da prisa en buscarle a su hija un marido de su gusto. A Isabel no le queda más remedio que aceptar a su prometido e inminente marido, pues lo cierto es que Juan no solo no ha regresado sino que ni siquiera tienen noticias de él. Tal vez haya muerto.

Así que la boda se celebra, también con prisas. Y en el preciso momento en que Isabel da el sí quiero, Juan regresa victorioso, triunfante, cargado de honores y también de dinero tal y como prometió al padre de Isabel. Pero volvió unos días más tarde de lo acordado. Cuando Juan se entera de lo sucedido, corre a buscar a la recién casada Isabel y le pide un último beso en recuerdo de su amor.

Isabel le niega el beso, ya que ahora es una mujer casada y entonces Juan cae muerto a sus pies, como fulminado por un rayo. El cuerpo de Juan se lo llevan ante la desolación de Isabel que se queda paralizada. Es al día siguiente cuando Isabel, destrozada por la muerte del amor de su vida, pero también por la culpa de haberle negado un último beso, se acerca al cuerpo de Juan y le besa con todo su amor. Con tanto amor le besó que ella también quedó inmediatamente fulminada sobre el cuerpo de Juan. Así es como ambos amantes fueron enterrados juntos, pues nadie se atrevía a separarlos otra vez.

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