El instinto a la hora de ligar: ¿funciona?

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

'Sigue tu instinto', dicen los gurús del amor cuando acabamos de conocer a un hombre y no sabemos muy bien a qué atenernos en esa relación sentimental. Pero si hemos llegado a este punto, si revisamos nuestro historial amoroso, empezamos a sospechar que el instinto tal vez no sea la herramienta más fiable en asuntos de amor. Estamos evaluando el instinto a la hora de ligar. ¿Realmente funciona?

La fiabilidad del instinto a la hora de ligar

Lo cierto es que no. El instinto para ligar es tan eficaz como un lápiz blanco para escribir. Cero precisión, improbables aciertos, salto sin red. Eso es el instinto en el amor. Así que, ¿por qué seguimos dejándonos llevar por él? y lo que es más, ¿por qué los gurús del amor siguen recomendándonos que nos guiemos por el instinto? ¿es que quieren convertirnos en kamikazes? Y lo peor es que nosotras les hacemos caso, a los gurús del amor y a los instintos.

Grave error. El instinto para ligar es ese que nos dice que ese moreno de barbita de tres días que nos mira desde el otro lado de la barra va a ser un dios del sexo con el que vamos a pasar una noche inolvidable de pasión y lujuria hasta que el amanecer nos sorprenda agotados entre las sábanas y nos invite a disfrutar de un desayuno de abrazos y caricias dejando paso a la ternura. La película es buena, dirigida y producida por el instinto.

Pero la realidad es otra, porque ese moreno que prometía altas dosis de erotismo se queda en un polvo sin pretensiones de los que para eso mejor nos hubiéramos quedado con nuestro novio de siempre, que al menos después nos daba conversación. Definitivamente, no hacemos muy buen equipo con nuestro instinto, así que será mejor que le relevemos de sus funciones.

Tampoco es cuestión de dejar a nuestro instinto en un mutismo absoluto. Dejemos que hable, dejemos que nos incite a cometer errores en el amor, a que nos tropecemos con esos tipos de hombres evitables que no sirven para una buena noche pero sí para unas cuantas tardes de risas con las amigas. No vayamos a demonizar al instinto, que está un poco loco, pero nos aporta un toque extra de espontaneidad.