Mujeres y hombres: y llegó la hora de pagar

Marta conoció a un tipo fantástico en una fiesta. Unos días más tarde, él la llamó y quedaron para cenar el viernes. La cita transcurrió con normalidad, lenta pero segura. Y el chico no dio muestras de ser aburrido, egocéntrico, ni siquiera se adivinaba un psicópata en él. Pero la cena terminó y llego el momento de pagar la cuenta. Él cogió la factura, se la enseñó a Marta y calculó rápidamente cuánto debía pagar cada uno. Mujeres y hombres con las cuentas claras.

A quién le toca pagar la cuenta

De entrada hay que señalar que eso de pagar la cuenta a medias en la primera cita no está bonito. En sucesivas citas y, dependiendo de la situación económica de cada uno, así como del lugar elegido para el encuentro, la cosa varía. Pero en la primera cita una persona debe invitar a la otra. ¿La mujer o el hombre? Lo ideal sería que pagara la cuenta el que propuso el lugar de la cita.

A los hombres hay que advertirles que quedan fatal cuando en una primera cita pretenden pagar a medias. Los hombres han decidido que la igualdad de género consiste en dejar que sean las mujeres las que paguen y se retraen a la hora de invitar a su cita porque temen parecer machistas. Pero eso temor les dura hasta que la relación, si hay suerte, se consolida, porque entonces no tienen reparos en dejarse hacer la colada, dejarse hacer la compra del super, dejarse limpiar la casa y un largo etcétera de dejarse hacer.

Una invitación no deja de ser un gesto de agradecimiento, ni es indicio de sumisión, ni de poder, ni de machismo. Se trata de agradecimiento por una velada estupenda, por lo que si el hombre no quiere pagar en la primera cita, lo más probable es que la mujer crea que no ha disfrutado de la compañía. Eso o que es un tacaño.

La confusión de los hombres

Es cierto que los hombres de hoy en día se mueven en terreno resbaladizo en cuestión de ligues, citas y relaciones. Es cierto que están un tanto confundidos respecto a los roles machistas que deben ser eliminados y por eso lo que hacen es evitar aquellos gestos que, en realidad, son meros indicios de educación. Un hombre duda si debe abrirle la puerta a una mujer, si debe dejarla pasar, si debe pagar la cuenta. ¿Se ofenderá? ¿Pensará que soy un machista?

Puede haber mujeres que se ofendan cuando un hombre insiste en acompañarla a casa o en llamar al taxi por ella, como si ella no fuera capaz de hacerlo. Pero la verdad es que no son actitudes irrespetuosas. Lo que se debe eliminar en las relaciones entre hombres y mujeres son los comportamientos machistas que, por definición, suponen una falta de respeto a la mujer.

Sin duda alguna, cualquier mujer prefiere que la inviten a la cena, que le abran la puerta del coche o que le presten la chaqueta antes que soportar a un energúmeno que la considere inferior, que grite, que hable de ella en tono despectivo o que la humille como sólo algunos hombres son capaces de hacer.

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