Qué pasa si dejas a un hombre con las ganas

En un mundo ideal sin restos de machismo, esta pregunta ni siquiera se plantearía

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Dejar a un hombre con las ganas

A veces se crean altas expectativas sexuales en las relaciones de pareja. El flirteo, la conquista o como se quiera llamar no incluye necesariamente pasar por la cama. El sexo es una de esas actividades que solo se pueden practicar si las dos partes interesadas tienen ganas. Y hablando de ganas, ¿qué pasa si dejas a un hombre con las ganas?

Cuando el hombre se queda con las ganas

Nada, no pasa absolutamente nada si dejas a un hombre con las ganas y puedes hacer la prueba cuando te apetezca. O más bien, cuando no te apetezca dar un paso más con él. Existe cierta leyenda urbana acerca de que las mujeres acostumbramos a dejar con las ganas a los hombres. Llegamos, calentamos y nos vamos, dicen. Y tienen algunos términos muy desagradables para denominar a esas mujeres que provocamos su frustración sexual.

El caso es que no es un problema de la mujer que el hombre se quede con las ganas. Ninguna mujer debe hacerse responsable del calentón masculino producto de su imaginación peliculera. Unas sonrisas, unos besos, unos roces y él se viene arriba en todos los sentidos. La naturaleza optimista de los hombres les hace interpretar cualquier gesto de acercamiento femenino como una declaración sexual. Y muchas veces se equivocan.

Qué pasa si dejas a un hombre con las ganas

Sacarles del error a tiempo implica dejarles con las ganas, pero tampoco es cuestión de acostarse con un hombre solo para no dañar su ego. Es un problema de altas expectativas, una cuestión personal que pueden y deben resolver ellos solos, que también saben hacerlo muy bien. Que revisen ese complejo de Peter Pan porque esta tendencia de echar balones fuera, de responsabilizar a otra persona de la situación en la que se encuentran no da muestras de madurez, precisamente.

En un mundo ideal sin restos de machismo, esta pregunta ni siquiera se plantearía. Y es cierto que vivimos en el mundo real, pero en nuestra mano está cambiar las cosas eliminando ese sentimiento de culpa en las relaciones de pareja y repartiendo las responsabilidades. Que no es culpa de una mujer lo que la mente de un hombre se pueda imaginar.