La solución definitiva para una piel hidratada

Marta Valle

Solución definitiva para una piel hidratada

La piel, especialmente en ciertas zonas como el rostro o las manos, está continuamente expuesta a las condiciones climáticas adversas y a los rayos ultravioletas provenientes del sol. Se trata de algunos de los principales enemigos -aunque no los únicos- de nuestra epidermis, cuestión que puede hacer patente una de las anomalías más severas referentes a este órgano corporal: la deshidratación. Aunque, a priori, resulte una cuestión relativamente trivial, lo cierto es que realizar los cuidados adecuados para conseguir una hidratación necesaria para nuestro tipo de piel no es un tarea sencilla.

Formas de hidratar adecuadamente la piel

Una de las cuestiones que siempre se trata cuando padecemos de excesiva sequedad en la epidermis es la de la ingesta adecuada de agua. Éste, sin duda, resulta un buen consejo no sólo para la cuestión que nos atañe sino también para la salud general de nuestro organismo pero, a la vez, insuficiente ya que la piel es el último órgano corporal al que llega la hidratación aportada por este líquido. Dado este escenario, los cosméticos -ya sean adquiridos en un comercio o realizados a base de remedios caseros- se hacen imprescindibles para lograr un cuidado perfecto de la superficie cutánea.

La adecuada hidratación de la piel comienza cada día cuando nos metemos en la ducha, ya que los jabones que utilizamos normalmente para lavarnos alteran el manto lipídico aportado por los ácidos grasos que, a su vez, generan las glándulas sebáceas de la zona. Por esta razón, resulta pertinente el uso de jabones que sean poco agresivos con dicho manto. Si la epidermis se encuentra muy seca, deberemos optar por aquellos geles que sean dermatológicamente suaves y que, a su vez, aporten componentes hidratantes a la par que calmantes.

Una vez duchadas, resulta conveniente la aplicación diaria sobre la piel de una leche o una loción que sea rica en activos nutritivos y calmantes. En lo que respecta al rostro, hemos de estar atentas a cualquier cambio que se produzca ya que, en ocasiones, se puede presentar excesivamente reseca y, en otras, mutar hacia una materialización más grasa, con brillos y acné incluídos. Por ello, conviene calmarla y refrescarla con productos no agresivos que apliquen las cualidades que nuestra epidermis necesita en cada momento.