Falsos mitos: la verdad sobre los productos light

Marta Valle

productos light

Uno de los principales fenómenos alimenticios que llegó conjuntamente con las últimas décadas del siglo pasado fue la expansión de los productos light o dietéticos. El mito proviene, en este caso, mediante una doble vía puesto que éstos no siempre ayudan a mantener o bajar el peso corporal ni tampoco a seguir una nutrición que pueda ser considerada saludable.

El marketing, a través de las campañas publicitarias, o un etiquetado incompleto ofrecen en muchas ocasiones información inexacta y/o engañosa provocando confusión entre los consumidores. Muchas mujeres optan masivamente por los productos light creyendo que, de esta forma, van a conseguir mantener la línea en la suposición de que ingerirán una cantidad inferior de calorías, o alimentos más naturales.

No todos los alimentos light son bajos en calorías

Una confusión habitual reside en pensar que todos los productos que se comercializan bajo la etiqueta light son bajos en calorías. Para que un alimento tenga esta consideración, su valor energético debe estar reducido por lo menos un 30% con respecto al producto entero o normal. Sin embargo, suele ser habitual que no prestemos atención a este dato y compremos indistintamente los alimentos etiquetados de esta forma.

Esto significa que un producto que, en su formato normal, posee muchas calorías, en su versión light, con una reducción como la indicada anteriormente, puede no ofrecer una mejora notable en este sentido. Lo aconsejable, por tanto, es que antes de consumir cualquier tipo de alimento light identifiquemos de qué tipo de producto se trata a través de su etiqueta y valoremos, en cada caso, si es posible insertarlo en la dieta de adelgazamiento que estemos llevando a cabo.

La inclusión de este tipo de alimentos light en una dieta no es indicativo de que vaya a ayudarnos a bajar de peso. Si tendemos a consumirlos de forma poco equilibrada es posible que podamos crear enfermedades y desordenes en nuestro organismo. Ingerir una cantidad escasa de calorías en forma de proteínas, hidratos de carbono o grasas, sin una supervisión médica adecuada, puede provocar problemas de hipertensión, gástricos o afecciones renales.