Aceptar la inevitable aparición de las arrugas

Napoleón Fernandez

El tiempo -el implacable, como dice el poeta- deja huellas a su paso, y las encontramos por igual si examinamos la historia de las civilizaciones, una majestuosa obra arquitectónica o el cuerpo humano. Algunas de esas marcas son imborrables y tienen el encanto de lo añejo, de la experiencia, de la sabiduría, de la resistencia… Otras son silenciosas, invisibles y quedan ocultas en el intangible ámbito del alma humana.

Entre las imborrables podríamos nombrar una larga lista, pero existen algunas que han desatado una verdadera carrera entre profesionales de la medicina y la estética: las arrugas.

Conozco mujeres que pasan del tema, que no reparan en esos pequeños detalles y los asumen como tiempo vivido, pero también sé de otras amigas que sufren cada día frente al espejo. Para los especialistas la aparición de las arrugas es algo inevitable, es un proceso multifactorial en el que participan el envejecimiento natural, las contracciones musculares, el daño causado por el medio ambiente, y algunos hábitos nocivos como fumar, entre otros.

Autogeneración de las células de la piel


Con la edad, las células de la piel se dividen más lentamente, y la capa interior, llamada la dermis, comienza a hacerse más fina. Las proteínas que la sostienen estructuralmente (fibras de colágeno) y las encargadas de su elasticidad (elastina) se aflojan y desenmarañan causando depresiones en la superficie. Es así que ese órgano que nos separa del mundo exterior, pierde elasticidad, y también ve afectada su capacidad para mantener la humedad, la grasa y para auto regenerarse.

Aunque el proceso descrito es común a toda la piel, las arrugas aparecen primero en ciertos lugares, como pueden ser el entrecejo, los bordes externos de los ojos y las comisuras de los labios. Estas "indiscretas" líneas de ceño fruncido, o las llamadas patas de gallina, son consecuencia además de las contracciones de ciertos músculos que activamos al sonreír, fruncir el ceño, entornar los ojos y otras expresiones faciales habituales.

Fotoenvejecimiento de la mujer


Uno de los riesgos de la excesiva exposición al sol y sus rayos ultravioletas, es el envejecimiento prematuro de la piel, también conocido como fotoenvejecimiento. Los rayos ultravioletas, que se acentúan en las horas del mediodía, dañan las fibras de colágeno y causan una excesiva producción de elastina y de una enzima llamada metaloproteinasa (enzima albuminoidea). Esta encima crea y regenera el colágeno, pero como durante el proceso se dañan también algunas fibras sanas de colágeno, lo que resulta en una formación desorganizada de fibras llamada elastosis solar. Las arrugas, profundas y gruesas en este caso, se forman cuando este proceso de reconstrucción ocurre una y otra vez.

Por último podríamos añadir el daño, verificado científicamente, que produce el humo del tabaco a la capacidad regenerativa de la piel pues afecta notablemente la producción del colágeno nuevo destinado a sustituir el viejo. Este camino conduce, sin dudas, a las arrugas y a ellas habría que sumar el daño sistémico que ocasiona la nicotina no ya a la piel, sino al organismo como un todo.

Protegerse del excesivo sol, del estrés, del tabaco y favorecer un alto consumo de agua, vegetales, aceite de oliva y legumbres podrían ser una barrera contra el daño a la piel, mientras que un alto consumo de carne, productos lácteos y derivados del azúcar podrían incrementar los perjuicios sobre ella.