Cómo conservar el queso (según el tipo) sin que se estropee con facilidad

Trucos para guardar el queso y disfrutar de todas sus características

LD

Queramos o no, el queso es y será siempre el protagonista de una gran cantidad de platos, aperitivos e incluso postres. Es uno de los grandes aliados de una alimentación sana y equilibrada, y constituye un acompañamiento perfecto de prácticamente cualquier receta que se precie. 

Ahora bien, como ya sabrás, existen tantas variedades de queso que su clasificación es bastante complicada. Se puede distinguir entre untado, semicurado, curado, fresco... Y un largo etcétera. Pero, sea como sea, para disfrutar de él debes saber cómo mantenerlo en las mejores condiciones. Si se sabe tratar podemos hacer que no se estropee con tanta facilidad y, cuando empiece a estropearse, podemos recuperarlo y seguir utilizándolo. ¿Sabes cómo conservar el queso según el tipo? ¡Te lo contamos! 

Dos tipos de queso y cómo conservarlos correctamente

Para consumir el queso en las mejores condiciones se recomienda sacarlo de la nevera unos tres cuartos de hora antes de consumirlo, igual que sucede con el jamón. Debes dejar que pierda el frío y que coja temperatura ambiente sin derretir, pero en su punto justo. La temperatura ideal para consumir este alimento se encuentra entre los 18 y los 22 grados, pudiendo variar en función del tipo de queso que sea.

¿Qué pasa si se te olvida? Puedes meter un plato vacío al microondas durante 30 segundos y colocar el queso cortado encima 15 segundos para, después, darle la vuelta. Con la temperatura del plato conseguiremos que el queso se atempere sin meterlo directamente al microondas y, lo más importante, sin cargarnos las características que le hacen único. 

Junto a la importancia de la temperatura está la de conservarlo respetando sus características y alargando su vida lo máximo posible. Por eso, nunca está de más saber guardarlo debidamente y, para que nos sea más fácil comprenderlo, hemos realizado una clasificación en función de dos tipos de queso: los quesos frescos y los semimaduros o maduros

 

1 El queso fresco

El queso fresco es aquel tipo que está sin madurar pero que está listo para consumir tras el proceso de elaboración. Tiene una textura cremosa y, dentro de nuestra clasificación, es uno de los que menos tiempo dura. En este sentido, podemos encontrar la mozzarella, el queso ricota y, con una maduración suave y una textura aún más cremosa, el queso brie o el camembert. 

+ Aislante térmico 

Para alargar la vida de este tipo de quesos, nada mejor que aislarlos herméticamente y estar pendientes del estado de humedad que presentan. Ten en cuenta que se recomienda conservar estos quesos a una temperatura entre los 4 y los 8 grados. Muchos suelen venir en un envase perfecto y no es necesario sacarlos de él, solo preocúpate de cerrar bien la tapa o envolverlos en papel film para conservarlos durante mucho más tiempo. 

En el caso de la mozzarella, por ejemplo, debes tener en cuenta el líquido que viene en la bolsa. Si compras una bola de mozarella, lo mejor será echar el líquido y el queso sobrante en un tupper lo más pequeño posible para que el líquido cubra bien la pieza y no olvidar de tapar de forma hermética. La idea es poder conservarlos antes de que huelan mal o de que se oxiden. Los días que pueden durar dependerán de cómo vengan envasados, qué tipo de queso sea y a qué procesos haya sido sometido. 

+ ¿Se pueden meter en el congelador?

El queso fresco se puede meter en congelador pero, eso sí, únicamente si los vas a utilizar posteriormente para elaborar alguna salsa o crema en las que la textura del queso pase algo desapercibida. ¿La razón? Esta textura cambia, pierde algo de aroma y sabor, y suelta un poco de agua. Congelarlo no te servirá para consumir directamente, pero sí para utilizarlos en platos y complementos cuyos ingredientes deban mezclarse bien. 

2 Queso maduro o semimaduro

El queso conocido como maduro o semimaduro es aquel que, tras el proceso de elaboración, debe mantenerse en ciertas condiciones ambientales durante un determinado tiempo con el objetivo de alcanzar algunos cambios físicos en él. En esta clasificación se pueden encontrar el queso cheddar, edam, gouda, emmental o parmesano. Debes saber, además, que la temperatura perfecta para este tipo de queso se encuentra entre los 8 y los 12 grados, y que existen múltiples formas de conservarlos debidamente. 

Por otro lado, es muy importante fijarse en las características que tiene el queso en el momento en el que lo has adquirido, como por ejemplo que tenga agujeros. En este sentido se incluyen también las condiciones de humedad, pues cuanta más humedad haya en la nevera más fácil será que crezca el moho y menos aguantará el queso. 

Pero, como mencionábamos unas líneas más arriba, lo bueno que tienen este tipo de quesos es que es muy sencillo saber o ver cuando se están poniendo malos. Lo primero que debes hacer es observar el nacimiento de unas manchas blancas que, posteriormente, se convertirán en moho. Si lo coges a tiempo es posible que puedas 'revivir' el queso simplemente retirando esas zonas con un cuchillo.  

+ Tupper o papel film 

En primer lugar, puedes colocar el trozo de queso en un tupper en cuyo fondo colocarás varios trozos de papel de cocina absorbente que irás cambiando diariamente. Esto ayudará a eliminar la humedad del queso y a hacer que la conservación sin moho se prolongue durante unos días más de los que pensabas. 

Por otro lado, también puedes envolver la cuña de queso en un trozo de papel film muy bien adherido, atendiendo a no dejar ninguna parte al descubierto. Si es necesario por su olor, puedes meter ese trozo envuelto en un tupper hermético para evitar que se extienda por la nevera y aislar aún más las condiciones de humedad. 

+ Las queseras 

Seguro que, después de leer todo lo que te hemos contado hasta ahora, has pensado: y si los voy a guardar en la nevera, ¿por qué existen las queseras? Efectivamente, las queseras son otra buena solución para conservar estos alimentos. Existen queseras de diferentes tamaños y están diseñadas para regular el grado de condensación y humedad en el interior. Por eso consiguen alargar la vida de los quesos durante más tiempo, manteniéndolos frescos como el primer día, aislando los olores que puedan provocar y retrasando el nacimiento del moho. 

+ El paño de algodón 

Uno de los trucos más antiguos que existen para conservar este tipo de quesos es el del paño de algodón. Seguro que más de una vez lo has escuchado de tu abuela, y es que meter el queso en un paño puede ayudar a la conservación. Pero no lo estaremos aislando y el olor puede extenderse con mucha más facilidad.

+ Envasarlo al vacío 

Por último (y este es un truco que te ahorrará algo de dinero), cuando lo adquiramos en el supermercado podemos pedir que nos lo envasen al vacío. En lugar de comprar una cuña, podemos comprar un queso entero (desembolso inicial mayor pero, a la larga, saldrá más barato). Lo que haremos será llevarnos una cuña de forma normal y lo demás pedir que nos lo envases al vacío en varias cuñas. Así conseguiremos alargar la vida de nuestro queso puesto que, en esas condiciones y sin deshacer el vacío, no entrará aire y no habrá fermentación.


Con toda esta lista de consejos para la conservación de este delicioso alimentos, ahora simplemente queda aplicarlos para disfrutar de su sabor y textura tan características.