Herpes: lo que debes saber sobre las 'calenturas'

La llegada de la primavera suele ser sinónimo de sol, temperaturas placenteras, salidas al campo... pero también de consecuencias mucho menos agradables.

Sabemos que los procesos alérgicos, las astenias primaverales o la alteración de las hormonas, sobre todo en los jóvenes, son buenos ejemplos de ello. Pero quizá no sepamos que también algunos virus que viven en nuestros organismos de forma latente, es decir, "dormidos", se despiertan por estas épocas avivados a causa del debilitamiento del sistema inmunológico característico de los cambios de estación.

El herpes es uno de estos virus que aprovechan la oportunidad para despertar de su letargo y manifestarse de muy diversas maneras. Veamos cuáles son las características, los síntomas y los posibles tratamientos del virus del herpes.

Dos tipos de herpes: simple y zóster

Para comenzar, es necesario distinguir entre dos grandes grupos de herpes: el herpes simple y el herpes zóster. El primero de ellos es el más común, el menos agresivo y el más extendido entre la población mundial. Suele manifestarse en la zona del rostro ―más generalmente en la boca y alrededor de ésta― y en la parte superior del cuerpo, aunque con menos frecuencia.

Son las típicas "calenturas" que aparecen tras un empacho, fiebre o cualquier otra enfermedad que nos provoque un bajón en las defensas. La misma causa puede ser el origen de los herpes genitales o de la zona inferior del cuerpo, que se deben al mismo virus, herpes simple.

La vía de contagio para el herpes simple es por contacto, es decir, un portador del virus contagia a otra persona si existe un contacto directo entre ambas o de utensilios que compartan ―toallas, pintalabios, cubiertos, etc.― y tanto si el virus está activo como si no lo está. Esto quiere decir que a pesar de que la lesión no sea visible, el contagio es posible.

A pesar de que no hay una cura definitiva para este tipo de herpes, pues una vez la persona se infecta ya es portadora de por vida, sí podemos tratar la zona afectada. En primer lugar, cuando aparezcan los síntomas, el enfermo no debe tocar la zona afectada; deberá lavarse las manos con mucha frecuencia; deberá evitar tener relaciones sexuales (tanto si se trata de un herpes labial como de uno genital) y tratarse con aciclovir tópico o en tabletas, previa consulta de su médico de cabecera.

El otro gran grupo de herpes, herpes zóster, es un tipo de enfermedad vírica, resultado de una infección del virus de la varicela y generalmente producido en la niñez que se manifiesta en la parte inferior del cuerpo, muy frecuentemente en el torso. Este virus, una vez en el cuerpo de la persona afectada, sufre una serie de modificaciones que derivan en el herpes zóster, también llamado popularmente 'culebrina' o 'culebrilla', que es mucho más agresivo y peligroso que el anterior y puede llegar a afectar órganos vitales.

Síntomas y tratamiento de los herpes

Los síntomas anteriores a la aparición de las ampollas características son fiebre, dolor de cabeza, sensibilidad excesiva a las fuentes de luz, malestar general y dolor de leve a extremo en la zona afectada.

El tratamiento sintomático, pues no hay una cura definitiva para esta enfermedad, se suele componer de analgésicos para mitigar el dolor, antivirales para detener la infección y en los últimos año, se ha desarrollado una vacuna preventiva, aunque sólo se aplica a grupos de riesgo como puede ser personal de los hospitales.

No obstante, debido a la agresividad de este tipo de herpes, es importante acudir a la consulta del médico de cabecera en cuanto se comience a sospechar que se sufre un episodio de herpes zóster.

Victoria C. Moreno  •  lunes, 23 de abril de 2012

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