Historia de amor de Juana la Loca y Felipe el Hermoso: celos y obsesión en la corte

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

A menudo la historia se olvida de retratarnos a los personajes en todo su esplendor, dejándonos solo noticias de algún rasgo fundamental, sin explicación, fuera de contexto. Eso es lo que le ocurre a Juana la Loca, de la que todos sabemos que estaba loca, pero nada más. Parece ser que Juana estaba loca de amor, aunque su historia de amor con Felipe el Hermoso no resultara tan feliz como ella había esperado.

Pasión y celos en la corte real

Aunque el matrimonio entre Juana y Felipe fuera concertado, como era habitual entre los miembros de la realeza, lo cierto es que su historia de amor empezó con un flechazo. Se enamoraron nada más verse y ambos quedaron presos de una fijación por el otro, de un deseo incontrolable hasta el punto de que tuvieron que adelantar la boda por su impaciencia pasional.

Fue cuando Juana se quedó embarazada cuando Felipe cambió su actitud para con su esposa. Posiblemente el embarazo no le atraía mucho a Felipe y se dedicó a buscarse amantes más estilizadas dentro y fuera de la corte. Y fue en ese momento cuando Juana empezó a dar muestras de un comportamiento mental poco saludable. Fueron los celos o los cambios hormonales del embarazo, pero la relación de la pareja se convirtió en una especie de huida y persecución.

Juana se moría de amor por Felipe, se moría de celos por sus infidelidades continuas, mientras que Felipe se moría por reinar. Deseando ser la perfecta esposa, por si acaso su marido un día se daba cuenta de lo que estaba perdiendo, Juana enlazaba un embarazo tras otro, dándole tantos hijos a Felipe como momentos para seguir siendo infiel.

Locura de amor

No se sabe el momento exacto en el Juana perdió la cabeza por amor. Las fuentes señalan como una fecha crucial el día que dio a luz en un baño del palacio de Gante por empeñarse en seguir a su marido y tenerle vigilado en una fiesta a pesar de su avanzado estado de gestación. Así nació el futuro rey Carlos I o el emperador Carlos V, según se mire.

Los celos provocaban en Juana un comportamiento irracional que no pasaba inadvertido a nadie. Por eso, sus propios padres, los Reyes Católicos, la inhabilitaron como heredera al trono. Cuando murió su madre, fue su padre el que siguió reinando pese a las protestas de Felipe el Hermoso, que tuvo una muerte temprana y en extrañas circunstancias como consecuencia de un simple vaso de agua.

Con la muerte de su adorado marido, la locura de Juana era ya imposible de manejar. O eso dicen las fuentes. Hasta tal punto llegaba su locura, que su padre la encerró en Tordesillas, mientras las intrigas de la corte quedaban bien atadas en manos del heredero Carlos. Allí murió Juana la Loca, dicen que llamando a gritos a Felipe al que seguía amando más allá de la muerte.

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