Relato erótico: cuando el pasado vuelve a tus bragas

¿Y si reapareciera tu primer amor y surgiera una aventura muy ardiente...?

María Fernández

Relato erótico: cuando el pasado vuelve a tus bragas

Siempre se recuerda el primer amor con un cariño especial. No importa si la primera vez que te enamoraste tenías 10, 20 o 40 años porque esas cosquillas en el estómago son universales. Pero, ¿qué pasa cuando pasados los años te encuentras con ese chico? A veces, el pasado vuelve a tus bragas y, si no lo hace, ¿por qué no imaginarlo? Que disfrutes con este relato erótico.

Un relato erótico sobre tu primer amor

Justo tenía que ser hoy. Lo que me faltaba para terminar este maldito día. Estaba deseando salir del trabajo y meterme en la cama. Pero no, te tenías que sentar a leer el periódico en la terraza de justo enfrente.   

Pensaba que ya no me acordaba de tu cara, pero no he tardado más de 2 segundos en darme cuenta de que eras tú. Estás al otro lado de la calle y aún así puedo oler ese perfume tuyo que, a decir verdad, me acabó gustando con el paso de las caricias.

Pero te lo advierto, ya no soy esa niña que no te podía mantener la mirada. Ahora, no me conformo con que muerdas de mi bocadillo o montemos en bicicleta. Ahora, quiero morderte y montarte.  

Ahora, quiero que huelas el aroma que desprende la piel de mi cuerpo y que me hagas cosquillas hasta con las pestañas. Quiero sentir que se me remueve todo por dentro cuando tu mano se intenta colar dentro de mis pantalones, como hacías en la parada del 27. Todo se quedó ahí, pero ahora soy yo la que te empuja la mano hasta el fondo de mis bragas.   

Sexo con el primer amor

Este relato erótico habla sobre un amor del pasado

Han pasado los años, pero aún reconozco el tacto de tu lengua que, ahora, es mucho atrevida. Me susurras al oído: “Por fin”. Y, de repente, me doy cuenta de lo mucho que echaba de menos esto, a pesar de que nunca había sucedido. Humedad.

Juegas con tu lengua y los lóbulos de mis orejas, besas mi cuello como si de él pudieras beber el elixir más dulce… Estás tumbado sobre mí y el roce de tu piel hace que me vuelva completamente loca. Todo se empieza a endurecer.

Empujo tu cabeza hacia mis pechos y tú los mordisqueas con poca delicadeza. El dolor pronto se convierte en placer. Y grito.

Sigues tu camino por mi cuerpo y te detienes en mi tripa. Empiezas a besarla mientras bajas muy despacio. Demasiado despacio. Tus besos van camino hacia mis piernas, cuando de repente, vuelven a subir a mi tripa. Por un momento pensé… Ahí está, aún más humedad.

Tus labios vuelven a alejarse de mi ombligo y, por un momento vuelven a detenerse. ¿Estás intentando jugar conmigo? Pero está vez, tienen claro su destino. El calor de mi excitación está llamando tu lengua, pero también a tus dedos. No dejes de moverlos. Nunca. Estás justo en el lugar en el que te quería tener desde hace años. El deseo de sentir tu movimiento aún más rápido, es incontenible. Pronto, no sabemos lo que es tuyo y lo que es mío.

El mundo entero está ahora entre mis piernas.

Sexo que salda cuentas pendientes

Que disfrutes con este relato erótico

Te agarro del pelo y te hago subir a mi altura. Veo en tus ojos la excitación y, ahora, cuando te acercas a darme un beso, puedo oler la mía propia. Ha llegado el momento. Te invito a sumergirte por completo en esa oscuridad que ambos ansiamos. Me coloco sobre ti y con la mano meto tu pene dentro de mí.

Muevo las caderas al ritmo de esa canción que está sonando en mi cabeza y rápidamente coges el paso. Me pellizco los pezones mientras siento los bandazos. Jadeas. Y yo también jadeo.

No sé cuánto tiempo pasa. Podrían ser segundos, o quizá horas, pero, de repente, algo dentro de mí se rompe y me vacío por dentro.

Ese olor… por fin, ahí está.  

Cómo puedes seguir sentado ahí, leyendo el periódico, si dentro de mi cabeza se está saldando esa deuda que nos debemos.

Cuando llegué a casa, tuve que cambiarme de bragas.