Relatos eróticos: En la piel de Cincuenta Sombras de Grey

Deléitate al más puro estilo de Anastasia Steele y Christian Grey

Tamara Sánchez

Relatos eróticos: En la piel de Cincuenta Sombras de Grey

Cincuenta Sombras de Grey. Esa película que tantos deseos ha despertado, que tantos encuentros calientes ha desatado y que tantos relatos eróticos ha inspirado. Como este. Deléitate al más puro estilo de Anastasia Steele y Christian Grey.

Sexo inspirado en Cincuenta Sombras de Grey 

Hemos quedado. A las cinco de la tarde iré a buscarla a su casa. Está sola. Sus compañeras de piso han salido a cenar y a tomar unas copas y nosotros dos tendremos mínimo cuatro horas para disfrutarnos. No hace mucho que nos conocemos, pero me vuelve loco: su melena alocada, sus labios carnosos, su cuerpo esbelto, su sonrisa picarona… 

Llego puntual. Me abre la puerta con los ojos incendiados en pasión. Estoy deseando beber de sus labios. Entramos. Ha preparado una cena deliciosa: canapés de salmón, pollo al horno y de postre… De postre ella y yo. Charlamos. Reímos. Le cuento anécdotas de cuando era pequeño. La conexión se palpa entre nosotros. La química es innegable. Tomamos una copa, después otra. Me propone ver una película: Cincuenta Sombras de Grey. Al rato nos entran ganas de recrear una de sus escenas más calientes. El ambiente se empieza a encender. Paso mi lengua por mi labio superior. Empiezo a deleitarme con el placer que está a punto de llegar.

Placer aún más oscuro y liberado 

Relatos eróticos: En la piel de Cincuenta Sombras de Grey

Entramos en su habitación. Me acerco lentamente a ella. Le acaricio las mejillas. Se sonroja y me mira con deseo. La beso. “Voy a besarte todo el cuerpo”, le susurro muy bajito al oído. Se queda expectante. Bajo despacio por su cuello. La excitación se incrementa por momentos. Intenta tocarme, pero no la dejo. Me desabrocho la corbata y la anudo a sus manos. La ordeno que se quede quieta. Me obedece. 

Me mira con ansia, tiene la respiración entrecortada, la cuesta controlarse. “Quiero tocarte”, me dice. “Lo sé, pero todavía no”, le contesto. La desnudo por completo y desciendo con mis manos hasta sus pechos. Mi lengua otra vez en su cuello bajando directa hasta los pezones. Los chupo. Ella empieza a revolverse. “No te muevas”, le pido. Continúo bajando hasta llegar al ombligo. Lo lamo. Ella no puede resistir el éxtasis, no logra quedarse quieta. 

Me arrodillo y la cojo por los tobillos separando sus piernas. Muerdo con suavidad los dedos de sus pies. Ella gime. La humedezco el empeine con mi lengua y doy paso a mi lento ascenso: Del tobillo a la pantorrilla. De la pantorrilla a la rodilla. De la rodilla a la entrepierna. La miro de reojo y la veo totalmente entregada a las nuevas sensaciones. Sus jadeos van aumentando. Puedo sentir como se estremece cuando rozo su piel.

Continúo subiendo sin demorarme más. Mi nariz se sitúa junto a su clítoris. Mi lengua comienza a chuparlo con movimientos circulares. Creo que no puede más. Me detengo un momento. 

Inspiro profundamente y retomo mi recorrido por todo su sexo. Me encanta su olor. Mis movimientos son muy lentos. Ella cada vez se altera más. Me gusta tenerla entregada al placer. “No puedo más”, exclama.

Sujeto con fuerza sus muslos e introduzco un dedo en su vagina. Lo muevo y percibo que su orgasmo no se va a retrasar demasiado. Mi excitación aumenta. La empujo hacia la cama. Rápidamente me pongo el condón y la penetro. Empiezo a follarla desesperadamente, con movimientos muy rápidos. “Córrete para mí”, le digo. Empiezo a tocar su clítoris al tiempo que la sigo penetrando y en cuestión de segundos estalla de placer. Grita. Sus gemidos me ponen aún más. Estoy a punto de llegar al clímax yo también. Entro en ella hasta el fondo una vez más, aprieto mi cuerpo contra el suyo y siento el placer recorrer todo mi cuerpo que estalla con un orgasmo de cine. Nunca mejor dicho. 

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