El problema de iniciar una guerra de egos en la pareja

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Mal empezamos si hablamos de guerra dentro de una relación de pareja, sea la guerra del tipo que sea. Habitualmente se habla de esa guerra en la pareja por ver quién tiene el control de la relación, pero hay otra también muy frecuente de la que se habla poco. El problema de la guerra de egos en la pareja existe y es muy peligroso.

El peligro de la guerra de egos en la pareja

Tú eres guapa, brillante, inteligente, ingeniosa y exitosa. Eres la mejor y sabes que te mereces lo mejor. Por eso te has enamorado de lo que para ti es el hombre ideal, también guapo, brillante, inteligente, ingenioso y exitoso. Ahora mismo se dan todas las condiciones para que seáis una pareja feliz porque estáis en equilibrio. ¿O no?

El equilibrio desaparece cuando uno de los dos necesita demostrar al otro que es más de todo o más de lo que sea, que gana más dinero, que tiene más éxito profesional, que propone mejores planes en pareja, que lee mejores libros o que sus habilidades sociales son mejores. La competición está en marcha, una competición que se convierte en guerra en el momento en que la pareja deja de estimularse el uno al otro para mejorar por estimularse a sí mismo para quedar por encima del otro.

El equilibrio ha desaparecido. Los beneficios de tener una buena autoestima se han convertido en un arma arrojadiza contra la otra persona que, en este caso es la pareja. No se trata de un problema de dependencia, ni de posesión ni de sumisión, como ocurre con todas esas parejas donde reina la desigualdad. Se trata de una lucha de egos en la que ambos sois tan fuertes y tan poderosos que acabaréis por despreciaros el uno al otro.

¿Qué ocurre con estas parejas que viven en una continua lucha de egos? Como en todas las parejas que están en guerra, la mejor solución es romper esa pareja. Los egos grandes no forman un buen equipo ni con otro ego enorme ni mucho menos con una baja autoestima. Los egos grandes son para amarse a ellos mismos y a nadie más.