La edad ideal para casarse y otros mitos del amor clásico

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

El amor y las relaciones de pareja están rodeados de ciertos mitos y leyendas urbanas que provocan algunas consecuencias, entre ellas esa frustración cuando no seguimos las etapas o las pautas establecidas para cada momento de la vida amorosa. Hablamos de cuál es la edad ideal para casarse y otros mitos del amor clásico.

Cuál es la edad ideal para casarse

Presentamos la vida ideal de una mujer. Estudia una carrera, encuentra al hombre ideal, termina la carrera, encuentra un trabajo estable, cásate y ten uno o dos hijos según tu situación económica y tus facilidades laborales a la hora de la conciliación. Todo esto tienes que hacerlo sin prisa pero sin pausa y antes de los 35 años ya has tenido que tener a tu primer retoño.

Como estamos en los tiempos modernos y no en tiempos de nuestras abuelas, la edad ideal para casarte se sitúa hacia los 30 años. Para entonces ya has tenido que haber vivido lo suficiente, has viajado por el mundo, has cometido locuras, te has equivocado en el amor y has tenido éxito en tu carrera profesional.

Si hay alguna entre nuestras lectoras que haya seguido estos pasos sin errores ni parones en el camino y además ha conseguido ser feliz, le damos nuestra más sincera enhorabuena. Pero sospechamos que la vida ideal no sigue este curso, entre otras cosas porque entre los sueños de millones de mujeres no está el de pasar por el matrimonio, la maternidad y tal vez a lo largo del camino hayan cambiado más de una vez su perspectiva laboral teniendo que empezar de cero.

Otros mitos del amor clásico

Pero si ya has cumplido los 30 o estás cercana a esa edad, lo más seguro es que estés más que harta de oír las mismas preguntas tan estúpidas como indiscretas sobre tu estado civil. El mundo sigue unos estereotipos, aunque nosotras nos neguemos a seguirlos porque el objetivo es ser independientes y auténticas, no preservar la tradición.

La tradición manda que te cases a los 30, que perdones una infidelidad a tu marido, que luches contra viento y marea y, especialmente, contra ti misma antes de decidir divorciarte, que tengas hijos, que ese hombre puede cambiar por amor, que lo dejes todo por él, porque es amor verdadero, que no te quejes por tirar del carro tú sola, que menuda suerte que tienes con un marido y unos niños tan monos. Y un trabajo que te permite demostrar tu faceta de malabarista para poder hacer todo lo que te toca hacer.