Cómo maquillarse según la forma de tu rostro

Andrea Collantes

Para sacar partido a nuestro maquillaje es fundamental conocer cómo destacar las facciones más bonitas de nuestro rostro. Según su forma, nos maquillaremos de una manera u otra para estilizar al máximo nuestros rasgos.

Encuentra el maquillaje ideal según la forma de tu rostro

Rostro ovalado: Desde la época de los romanos, se estableció un canon de belleza representado en el ovalo facial por su simetría, es por ello por lo que esta forma del rostro hoy en día sigue siendo considerada el tipo de rostro perfecto.

Su forma es más ancha en las mejillas estrechándose hacia el mentón. Cualquier tipo de maquillaje le irá bien, ya sea natural o llamativo. Ruboriza tus mejillas con tonos naturales y busca siempre un maquillaje equilibrado.

Rostro redondo: se caracterizan por una frente ancha y unos pómulos prominentes. Su principal ventaja es que da un aire dulce y juvenil. Conseguirás un efecto más alargado con un colorete natural en el centro de las mejillas, y un tono más oscuro en las sienes, la línea de la mandíbula y el nacimiento del cabello.

Aplicando un punto de luz en el centro de la barbilla daremos más longitud. Una sombra clara en el lagrimal acompañada de otra oscura hacia el exterior del ojo y un tono de labios colorido te darán el toque definitivo.

Rostro cuadrado: Se caracteriza por un mayor volumen en la parte de la mandíbula. La clave está en suavizar las facciones. Para ello, ruboriza tus mejillas de en el centro siguiendo una forma de triángulo invertido y nunca hasta la sien.

Con ayuda de unos polvos bronceadores mate, no demasiado oscuros, suavizaremos la zona de la mandíbula y del nacimiento del cabello. Unas cejas angulosas potenciarán un aspecto más redondeado.

Rostro triangular: Son aquellos más anchos en la frente que se van afilando a medida que descendemos hacia el mentón. En este caso, aplica tonos sutilmente más oscuros en el nacimiento del cabello y las sienes, para crear un efecto de estrechamiento, y un tono más claro desde la parte alta del pómulo hacia abajo que iluminará y ampliará tu rostro.

Ruboriza tus mejillas con movimientos horizontales desde el centro hacia fuera. Para los ojos, utiliza sombras naturales que agranden tu mirada.