Trucos para conseguir una piel de porcelana

Marta Valle

La piel de porcelana resulta de una de las modas más extendidas en lo que a maquillaje facial se refiere. Sin embargo, para conseguir este objetivo no es solo importante la inversión en los productos cosméticos precisos sino también cuidar la dermis en un sentido muy específico, a través de la hidratación. Hay determinadas mujeres que no necesitan realizar muchos esfuerzos ya que nacen con una coloración clara y cremosa, por lo que el reto reside, precisamente, en aquellas otras de nosotras que vamos a precisar un poco de ayuda para lograr darle ese aspecto a nuestra piel.

Piel de porcelana, paso a paso

El primer paso consiste en conseguir una unificación del color natural de nuestra piel, eliminando cualquier signo de enrojecimiento, mancha o punto negro que dificulte el paso hacia esta homogeneización que requiere la piel de porcelana. Para ello deberemos proceder a exfoliar semanalmente nuestra dermis, quitando todas aquellas células muertas que la llenan de puntos negros y le dan una apariencia áspera y descuidada. Tras este proceso, aplicaremos diariamente una crema blanqueante con filtro de protección contra los efectos de los rayos ultravioletas con el objetivo de eliminar manchas, así como la tendencia a que la superficie cutánea aparezca rojiza.

Por su parte, la hidratación de la piel evitará un proceso de envejecimiento prematuro, cuestión que será posible abordar tanto desde una perspectiva cosmética, a través de cremas específicas para nuestro tipo de dermis, así como desde un enfoque alimentario que redunde en la ingesta de, al menos, dos litros de agua al día. Es importante aplicar estas cremas hidratantes tanto al comenzar el día como al finalizarlo y siempre después de haber realizado la limpieza facial pertinente.

Por último, para conseguir la tan ansiada piel de porcelana hemos de reforzar la elección del maquillaje adecuado. En vez de una base tradicional, se recomienda la utilización de una crema hidratante del color de nuestra piel con el fin de unificar nuestro tono de forma natural, para continuar con un rubor en tonos rosáceos que matice el color en la zona de los pómulos. Fija el maquillaje con nácar blanco, utiliza para los ojos un satinado claro así como un brillo suave para los labios. El punto final lo pondrán los polvos brillantes repartidos por pómulos, mentón y frente para darle a nuestro rostro un efecto de luz natural tan necesario en estos casos.  

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