Piel sensible: causas y tratamiento de las pieles hiperreactivas

Marta Valle

La denominación de piel sensible no es un término técnicamente médico sino que responde a una necesidad más pedestre de describir aquellas dermis que desarrollan síntomas como descamación, enrojecimiento o sensación de tirantez ya sea de forma absolutamente espontánea o después de la aplicación de determinados productos. El problema fundamental de estas pieles reside en el hecho de que son hiperreactivas, es decir, reaccionan más de lo que puede ser considerado normal ya sea a través de acaloramientos, picazones, hormigueos o, incluso, picores. Aunque éstos últimos se producen de forma más ocasional que el resto.

Principales factores de riesgo en las pieles sensibles

Los factores que pueden desencadenar reacciones anormales en las pieles con tendencia a la excesiva sensibilidad pueden disponer orígenes de lo más variado. Así podemos contar con los climas secos y fríos, la aplicación de productos cosméticos que contengan perfumes o conservantes que tiendan a irritar la superficie cutánea, una excesiva exposición a los efectos de los rayos ultravioletas, el estrés o la alimentación. También existen determinados tratamientos dermatológicos, ya estén orientados a la limpieza, a la hidratación o a la nutrición, que pueden provocar un estado hipersensible en la piel: peelings, dermoabrasión, productos ricos en vitamina C o retinoides orales.

Hay dos factores fundamentales que provocan que descienda el umbral de tolerancia de la piel y se genere, en consecuencia, la hipersensibilidad de ésta. Por un lado, la epidermis en la pieles intolerantes y sensibles presenta una alteración en sus mecanismos de defensa contra agresiones externas, lo que favorece la deshidratación y la intromisión de agentes irritantes. Por otro, las pieles sensibles tienden a desarrollar una superproducción de radicales libres vinculada, a su vez, a una secreción anómala de moléculas potencialmente inflamatorias (citoquinas).

Para encontrar un tratamiento adecuado, la intervención del dermatólogo va a resultar esencial. El diagnóstico dependerá tanto de los datos aportados por la paciente como del examen físico y, dado el caso, las pruebas cutáneas que sean requeridas por este profesional. Por regla general, el tratamiento consistirá más en una prevención en el uso de ciertos productos que nos resulten irritantes aunque también podrán prescribirnos fármacos específicos para nuestra dolencia.