Cómo aliviar la tensión de la espalda

Tensión en la espalda

Acumular tensión en la espalda  es algo tan habitual que en muchas ocasiones no le damos la importancia suficiente. Pasar demasiado tiempo de pie o sentado, disponer de una mala higiene postural, no realizar deporte de forma habitual, los esfuerzos excesivos en la práctica deportiva o el estrés hacen que, de manera progresiva, se vaya generando tensión en esta zona corporal. Razón ésta por la cual en muchas ocasiones terminamos por sufrir molestos dolores que  nos impiden tener una mayor calidad de vida.

Una forma eficiente de detectar la tensión en la espalda resulta en observar si cada vez que cargamos un peso consistente o cuando nos agachamos para recoger algo del suelo notamos que nos duele la zona posterior del cuerpo. En caso afirmativo, es bastante probable que estemos sufriendo una patología de este tipo. Cuestión nada extraña dado que se trata de una de las dolencias neurológicas más comunes después del dolor de cabeza.

Cómo eliminar la tensión en la espalda

En casos excepcionales, la tensión acumulada puede conllevar grandes dosis de dolor en la espalda, sobre todo en la zona lumbar. Al fin y al cabo, ésta se produce cuando los ligamentos, los músculos o los tendones se tensionan debido a alguna herida, un sobreesfuerzo o una carga indebida. Una de las formas más racionales de evitar esta dolencia redunda en que seamos conscientes constantemente de las señales que el cuerpo nos envía. De esta forma, tanto cuando trabajamos como cuando estamos practicando deporte, debemos procurar realizar los movimientos sin forzar.

En muchas ocasiones, la tensión en la espalda termina por evolucionar hacia una inflamación muscular. En estos casos, podemos paliar estos dolores mediante la toma de medicamentos antiinflamatorios no esteroides tales como el ibuprofeno o la aspirina. Siempre que se haya realizado una consulta previa al médico, también es posible que nos receten algún tipo de calmante o relajante muscular en combinación con una crema deportiva. Durante los dos primeros días, es útil guardar reposo para, una vez transcurrido ese plazo, comenzar a realizar actividades como caminar o estiramientos.

El uso de terapias de calor y frío también es una solución que puede producirnos un gran alivio del dolor producido por la tensión. Para rebajar la inflamación, en caso de producirse, debemos emplear hielo en la zona afectada unos 15 minutos durante tres días para después comenzar con la aplicación de calor húmedo en la espalda.  Finalmente, las sesiones de fisioterapia van a resultar un gran añadido en el proceso de recuperación a través de técnicas como la estimulación eléctrica de los músculos o los masajes.

Marta Valle  •  lunes, 10 de junio de 2013

DF Temas

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