Natación para la espalda: beneficios y precauciones

Natación para la espalda

Si en algo incide la imaginería popular en lo que respecta a los remedios contra el dolor de espalda es, precisamente, la aconsejable práctica de un deporte bastante específico: la natación. La realidad es que, según expertos en la materia como médicos o fisioterapeutas, la natación resulta una actividad bastante completa no sólo como mero entretenimiento sino también para mejorar nuestra forma física y fortalecer, especialmente, la espalda.

La natación y el dolor de espalda

Cualquiera de nosotras podríamos plantearnos que la natación es una actividad cardiovascular como cualquier otra y que, por tanto, los beneficios que podemos obtener de ella también residen en otros deportes. Sin embargo, ésta posee una serie de características definitorias y específicas que la diferencian del resto. El desarrollo de la natación en un medio como el agua provoca, gracias a su viscosidad, que la tensión muscular sea permanente durante el desarrollo de los ejercicios, lo que termina minimizando la aparición de lesiones o dolor.

Otro elemento capital que define a la natación con respecto a otras prácticas cardiovasculares es la sensación de ingravidez que notamos cuando estamos sumergidas en el agua. En un contexto tal, la percepción de nuestro peso corporal se desvanece y, por tanto, somos más proclives a eliminar las tensiones de nuestra rutina diaria. La temperatura y la presión del agua, por su parte, generan un escenario apropiado para equilibrar las fuerzas musculares, posibilitando que nuestra espalda recupere la necesaria y natural simetría.

En definitiva, la natación va a ser realmente beneficiosa para la salud de nuestra espalda siempre que practiquemos los ejercicios de forma correcta. Resulta esencial realizar un calentamiento previo en el agua. Aunque hay una especialidades natatorias más adecuadas para la espalda que otras (ejercicios con desplazamiento estilo espalda frente al poco recomendable estilo mariposa), la clave reside en realizar absolutamente todos los movimientos hasta el límite de amplitud de la articulación para lograr mayor fortaleza y movilidad. Hay que poner especial cuidado en que el área cervical no sufra en los movimientos en los que intentamos respirar.

Marta Valle  •  sábado, 1 de junio de 2013

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