Cómo superar la vergüenza ajena

Laura Sánchez

Cómo superar la vergüenza ajena

Seguro que te ha pasado alguna vez; estás con un grupo de amigos y a alguno tiene una ocurrencia tan fuera de lugar que empiezas a notar una tormenta de sentimientos que van desde la lástima al bochorno pasando por un "tierra trágame" que no acabas de comprender muy bien. Al fin y al cabo no eres tú la que estás haciendo el ridículo. Es lo que se llama vergüenza ajena y la verdad es que unas personas la tienen más desarrollada que otras.

Qué es la vergüenza ajena

Si sufres esta situación muy a menudo, si te pones fácilmente en el lugar del prójimo sufriendo la vergüenza que debería estar sufriendo él, estás de enhorabuena, porque demuestra que eres una persona sensible y que te importan mucho los sentimientos de los demás. Pero ten cuidado porque un exceso de empatía puede perjudicarte.

Sentir vergüenza ajena a menudo está relacionado con una gran timidez y generalmente el umbral de la vergüenza propia también es muy alto. Esto quiere decir que sólo con imaginarte a ti misma haciendo lo mismo te entran ganas de echar a correr. O puede ser que tengas muy desarrollado el sentido del ridículo y te parezcan bochornosas ciertas situaciones.

Otras veces, ese mal rato que pasas pensando que otra persona se está poniendo en evidencia viene motivado por tu propio perfeccionismo y tu obsesión por hacer siempre lo correcto. En cualquier caso no te olvides que los convencionalismos se interpretan de forma diferente según cada persona, y que lo que a ti te parece ridículo puede que a los demás no se lo parezca.

Cómo superar la vergüenza ajena

Tolerancia y respeto a lo diferente son las claves para empezar a superar la vergüenza ajena, aunque ese ejercicio siempre tiene que ir acompañado de un aumento de la autoestima y de la convicción de que poco importa lo que piensen los demás, siempre y cuando no estemos haciendo daño a nadie. Es cierto que vivir ajenas a las críticas no es fácil, pero no podemos traspasar a los demás nuestro propio miedo a ser juzgadas.

Si una persona está en una situación bochornosa pero no le afecta, tampoco tiene que importarte a ti. Tal vez esa persona que para ti está haciendo el ridículo tiene un concepto diferente de lo que es desentonar y, probablemente, tenga unas convicciones más flexibles que las tuyas. Porque recuerda, lo importante es que tú te sientas bien con lo que hagas.

De todas formas, en nuestro intento por superar la vergüenza ajena tampoco queremos convertimos en personas indiferentes a las que nada les importe. Una cosa es que no juzguemos a los demás por su comportamiento y otra cosa es que no nos invada el bochorno cuando vemos determinados espectáculos de la clase política, por poner un ejemplo.