Espejito, espejito mágico ¿quién es la mujer más bella de este lugar?... Decía la madrastra de Blancanieves a su espejo mágico. Seguramente
no tenía la autoestima muy alta.
¿Y tú?... ¿También preguntas al espejo? Resulta que
no te gusta tu piel, llena de pecas, ni el color de tu
pelo, demasiado oscuro para ser considerada como
rubia natural, y tampoco tu
cuerpo, con una
incipiente celulitis que se empeña en salir... En fin, te desagrada 'algo' tu aspecto externo y, lo que es peor,
crees que les desagrada a los demás (algo que no es cierto,
solo está en tu mente).
¿Qué es la autoestima?
Si te sientes así, que vales poco, que no te gusta tu aspecto, que estás insegura en muchas cosas, que no
confías en tus posibilidades, etc., son indicios que nos pueden indicar que tienes una
baja autoestima.
La autoestima es la capacidad que tiene una persona para
valorarse, respetarse y aceptarse a sí misma tal y como es. Son las actitudes y pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos. Si estos
pensamientos son positivos, son señal de que tenemos una
autoestima alta, y si por el contrario son
de tipo negativo, la persona tiene una
autoestima baja.
La autoestima es una clave importante de nuestra personalidad, nos define en la forma que tenemos de relacionarnos con los demás. Si tenemos una
autoestima equilibrada, donde nos queremos a nosotros mismos y tenemos la suficiente
confianza en nuestras capacidades, daremos una proyección de nuestra persona a los demás en clave positiva y
nos aceptarán agradablemente. En cambio, si la autoestima es baja, nos comportaremos de forma insegura, con comportamientos tímidos e incluso agresivos, pudiendo causar
problemas psicológicos, tales como
aislamiento,
ansiedad,
depresión,
trastornos alimentarios, etc. Por ello se hace imprescindible conocer la importancia de llegar a tener una autoestima equilibrada y trabajar para conseguirla.
¿Te gusta tu cuerpo?
Si la respuesta es "no",
no te preocupes y
pon manos a la obra. Se suele trabajar la autoestima empezando en el
Yo Físico. Puedes hacer una lista, lo más larga posible, de aquello que no te gusta: cabello, cutis, ojos, cejas, boca, dientes,
pecho, cintura, caderas, manos, pies, muslos... Si se trata de
partes que puedes modificar (un color de pelo determinado, una tripita prominente, un blanqueamiento dental...)
haz que cambiar esas partes sea una de tus metas. Eso sí, no te agobies ni quieras hacerlo todo en dos días, mejor que sea poco a poco, con un calendario.
¿Y qué hacemos con las partes que no podemos modificar? No podemos crecer 10 centímetros, ni disminuir la talla del pie, o alargar los dedos de las manos...
Sé objetiva: colócate delante del espejo y mírate fríamente. Seguro que no estás tan mal como tú dices estar,
ni tan gordita como crees. Tampoco tan bajita. Lo que te ha ocurrido es que has ido acumulando durante mucho tiempo
pensamientos negativos sobre tu persona, que se han convertido en
complejos, casi imposibles de evitar, con el resultado de que no te gustas a ti misma y así ¿cómo vas a gustar a los demás? Proponte cambiarlo, una vez que te has dado cuenta de ello.