La belleza es apenas un estado de ánimo

Lo más importante está en el interior de cada uno

Napoleón Fernandez

¿Qué hay de malo en querer que mi compañera luzca hermosa a los ojos de los demás?, se defienden algunos hombres cuando se les critican las exigencias a su esposa para que mantenga el peso y la forma mientras ellos, en cambio, presumen del prominente abdomen que les ha concedido la vida sedentaria y la comida basura.

"Es bueno para ella, para su autoestima", argumentan los menos "machistas" y en ese sentido no pierden razón, pero en el fondo quienes así piensan priorizan el tan mal repartido don de la belleza que para colmo, no es eterno.

Belleza en todas las etapas de la vida

Y es que a pesar del desarrollo social, político y económico alcanzado por la mujer en los siglos XX y lo que va del XXI, la mayoría de los hombres —incluso muchos de buenos sentimientos y respetuosos de la inteligencia femenina—, jerarquizan la belleza exterior, esa que puede acicalarse, estilizarse, acomodarse, decorarse...pero que en nada define los atributos del alma.

La jovialidad que se lleva el tiempo jamás podrá competir con los encantos de una mujer culta, educada, realizada, feliz... y no es esto un boicot a los gimnasios ni a las dietas, mucho que he defendido desde esta página esos estilos de vida saludables, pero lo más importante es que cada mujer saque partido de su propia personalidad y se preocupe sobre todo de que su metabolismo sea el correcto, solo eso basta para garantizar la mitad de la belleza posible en cualquier etapa de la vida.

El espejo, ese que ciertos momentos nos devuelve la sonrisa de quien fue joven y hermosa, puede tornarse un tirano si priva de los pequeños placeres al paladar, por ejemplo, y nos esclaviza de las cremas reductoras y las terapias anticelulíticas.

Lo peor es cuando encontramos mujeres a quienes los cuestionamientos constantes de su pareja y amigos acerca de la pulcritud de sus uñas o lo correcto del peinado, les ha quebrado su salud mental al punto de restar importancia al matiz de ser exitosa en su vida profesional o como madre. Es ante ellas cuando recuerdo aquello de Émile Zola, el novelista francés que sentenció: la belleza es apenas un estado de ánimo.