Emociones positivas y negativas, ¿cómo gestionarlas?

Jimena Ocampo

emociones positivas y negativas, ¿cómo gestionarlas?

Las emociones son procesos psicológicos que nos prestan un valioso servicio, hacen que nos ocupemos de lo importante en nuestra vida. Son como una alarma, nos señalan lo peligroso que debemos evitar y lo agradable a lo que debemos acercarnos y, por tanto, tienen una función adaptativa: preparar al organismo para la acción y facilitar la conducta apropiada a cada situación.

Por ejemplo, el miedo es una emoción que me alerta de un peligro, real o potencial, y en consecuencia actúo. Voy por la calle andando y siento que alguien comienza a caminar detrás de mí. En ese momento entro en estado de alarma y mi cuerpo se prepara para actuar, bien huyendo de la situación o bien enfrentándome a ella. He sentido miedo ante una posible situación de peligro y actúo en consecuencia. El miedo me alerta de que algo peligroso puede pasar y me prepara para actuar.  

Debido a que las emociones influyen en la percepción, la atención, la memoria o el pensamiento, según nuestro estado emocional, vamos a prestar más atención a aquellos detalles del entorno que sean acordes con ese estado positivo (alegría, amor, felicidad...) o negativo (ira, tristeza, miedo, ansiedad, vergüenza, aversión....) Saber esto es fundamental para salir de los estados emocionales negativos. Imagínate, llevas una semana mala en el trabajo o con tu pareja, y estás un poco tristona y decaída. Hoy has quedado con unas amigas para tomar algo y desconectar un poco, pero a última hora se cancela el plan. Como estás en un momento de "bajón", solo vas a fijarte en lo malo de la situación: "Si es que esta semana todo me sale mal, primero el trabajo y ahora esto, y ahora no tengo planes y me voy a quedar sola otra vez en casa y no me apetece nada, y mira...las terrazas llenas de gente disfrutando de la tarde..." Sólo te fijas en lo malo y en lo triste y negativo. Y ese estado no te deja buscar una solución creativa. Por ejemplo, "Bueno, pues me voy a pedir una cenita rica y me tomo un vinito o me doy un paseo por el parque al sol y  me llevo un libro y leo relajadamente que hace mucho que no lo hago".

Emociones positivas y negativas, ¿cómo gestionarlas?

Las emociones emanan de nuestros pensamientos, aunque cuenten con estímulos externos, así que es posible tener algo de control sobre ellas. ¿Cómo? Cambiando los pensamientos que las generan por otros más constructivos y positivos. Para ello, es fundamental tener una actitud positiva y cultivar emociones y sentimientos positivos. En lugar de pensar, "todo me sale mal", podemos pensar, "esto en concreto no me ha salido como yo quería"

Aunque parezca difícil, podemos aprender a controlar nuestros sentimientos y nuestras emociones. Si nos dejamos llevar por la tristeza, la pena, la ira, la rabia, la envidia, el rencor… esas emociones dirigirán nuestras vidas, porque dirigen mi pensamiento y por lo tanto mi estado de ánimo. Son emociones que nos bloquean, nos inhiben y nos impiden desarrollar lo mejor de nosotros mismos pero que, como decimos, se pueden gestionar. Aquí van algunos trucos:

+ Poner atención a aquellos acontecimientos de carga positiva que nos sucedan y no quedarse anclado en lo negativo. Parar el pensamiento y cambiar el foco de atención haciendo otra cosa.

+ No rechazar las emociones negativas. Si las aceptamos, aprenderemos a manejarlas. Es muy difícil eliminar las emociones de nuestra cabeza y cuanto más intentes taparlas, más angustia te generarán.

+ Evitar el lenguaje del no y catastrofista, ya sabes frases del tipo de "Nunca seré feliz", "Todo me sale mal", "Esto solo me pasa a mí" y cambiarlo por "Esto no me ha salido" o  "Ahora estoy un momento bajo, pero ha habido momentos muy buenos que seguro que llegarán de nuevo"

+ No anticipar las consecuencias negativas de las situaciones: "Llego tarde al trabajo, seguro que mi jefe me recrimina y vete a saber lo que me pasa" y cosas en esta línea. Cuando llegas a tu trabajo, nadie te dice nada, pero tú has estado angustiada todo el trayecto de casa al trabajo. ¿Te ha merecido la pena ese sufrimiento anterior?

+ Y, por últilmo, podemos anotar lo que sentimos y pensamos en un momento determinado, y pasado un tiempo, contrastarlo con cómo me siento ahora y analizar cuánto había de realidad y cuanto no.