La Cascada de Basaseachi: leyenda mexicana de amor con final amargo

Una cascada en Chihuahua (México) que nació a raíz de una historia de amor triste

Azucena Zarzuela

Las palabras amor y tragedia suelen ser las protagonistas de la mayoría de las leyendas mexicanas. Suspiros, anhelos, intrigas, belleza, destino y muerte son los ingredientes perfectos para meter en una coctelera, que bien agitada, crea mitos, los cuales, hoy en día siguen siendo transmitidos de generación a generación y constituyen pilares importantes y fundamentales de la cultura popular mexicana. Y es que, la tradición ancestral manda a la hora de explicar la creación del mundo.

Esta vez, en Diario Femenino, queremos contaros una leyenda mexicana de amor un poco triste: la Cascada de Basaseachi. Aviso: su final te dejará con un sabor un poco amargo... ¿Preparada?

Triste leyenda mexicana de amor

Hace muchos años, cuando los españoles aún no había cruzado el gran océano y no habían llegado a tierras americanas, en Chihuahua gobernaba el gran jefe Candameña. Amo y señor de la Alta Tarahumara, consiguió dar paz y prosperidad a su pueblo. Los días se sucedían y el bienestar reinaba. Sin embargo, el carácter inconformista de los hombres alimentaba sus aspiraciones. Quería crecer, ser más grande y poderoso. Y claro, la respuesta rápida para hacerse con más territorio siempre es la guerra. Mandó exploradores a los alrededores y tras estudiar varias estrategias sabía que la sangre se derramaría y muchos jóvenes morirían. No se atrevía a dar el paso que podía acabar en destrucción. Finalmente, la belleza de su hija le dio la respuesta: el amor es más poderoso que la guerra y además crea alianzas más estables y duraderas.

Basaseachi era una joven muy hermosa, tanto, que las nubes, a su paso, solían esconder al sol para que éste no pudiera dañar la blancura de su piel. Los que la conocían hablaban de que siempre olía a primavera y de que el viento jugaba con su cabello para ondularlo y darle brillo.

Su padre, Candameña, puso en venta su mano: su hija se casaría con algún importante heredero que sumara más tierras para su pueblo. Fueron muchos los pretendientes que acudieron a la cita. El casting se centraba más en la fortuna que los jóvenes pudieran aportar que en las virtudes personales que pudieran hacer de Basaseachi una mujer feliz. Era un simple negocio y mercadeo, pero eso sí, para acallar a la mala conciencia, iba envuelto con el celofán del amor.

Tras días y días de desfiles de pretendientes, solo cuatro consiguieron convertirse en firmes candidatos: Tónachi, el señor de las cimas; Pamachi, el hombre que viene de más allá de las barrancas; Areponápuchi, el de los valles verdes; y Carichi, aquel de las filigranas de la cara del viento. La decisión no iba a ser fácil. Por ello, Candameña ideó un yincana de pruebas, a cada cual más difícil. Y es que, entregar el amor de una hija no debe hacerse a la ligera.

Así nació la Cascada de Basaseachi en Chihuahua (México)

Extenuados y sin aliento en no pocas ocasiones, los candidatos poco a poco iban superando las pruebas. Ya sólo quedaba una por pasar. Y ésta, fue tan difícil, dura y peligrosa, que los cuatro jóvenes acabaron por encontrarse con la muerte. Fue así como la desolación inundó el corazón de Basaseachi, quien entendió que nunca podría desposarse y encontrar el amor de hombre. Por ello, hipnotizada por el dolor y la tristeza, subió a los altos cerros de la Alta Tarahumara para lanzarse al vacío.

Su padre, testigo directo de cuanto acontecía intuyó las intenciones de quitarse la vida de su hija. Y mientras la muerte se acercaba, Candameña ordenó al brujo del pueblo hacer un conjuro para que su hija no muriera. Poco tiempo había para pensar y reaccionar. No obstante, el brujo logró lanzar un hechizo sobre la joven dama cuando está separaba sus pies del suelo y volaba hacía el vacío.

Desde entonces, Basaseachi quedó convertida en una bella cascada de agua cristalina y profunda. Hoy sigue presente y viva fluyendo en libertad para deleite de un pueblo orgulloso y de un turista curioso. 246 metros de caída libre hacen de esta cascada permanente la más alta de México y está ubicada en lo alto de la Sierra Madre Occidental, dentro del Parque Nacional Cascada de Basaseachi desde 1981.

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