Dolor de espalda causado por falta de calcio

Marta Valle

Una mala alimentación puede llegar a ser un gran agravante de un dolor de espalda. La ausencia de nutrientes esenciales para nuestro organismo puede actuar debilitando nuestras defensas y nuestra estructura tanto ósea como muscular frente a multitud de enfermedades, patologías o lesiones. El cuerpo humano está compuesto por una cantidad aproximada al kilogramo de calcio, del cual en torno a un 99% lo podemos hallar en los huesos y los dientes. La falta de este nutriente, por cuestiones obvias, puede predisponer negativamente a nuestra espalda frente a posibles dolencias.

Alimentación equilibrada para combatir el dolor de espalda

Según la Organización Mundial de la Salud, actualmente la falta de calcio en nuestra alimentación diaria es uno de los grandes desafíos a la hora de afrontar una dieta que sea equilibrada. Esta carencia se ve agravada conforme las mujeres cumplimos años, ya que, aunque en todas las etapas de la vida es necesario este nutriente, a partir de los 40 resulta necesario aumentar las dosis diarias de cara a fortalecer la estructura ósea y muscular de nuestros cuerpos.

Aunque se puede tomar a través de suplementos a la venta tanto en farmacias como en supermercados, la mejor vía de obtener un nivel de calcio adecuado a nuestro sexo y a nuestra edad es la de la alimentación. Y no sólo es importante para fortalecer el conjunto del sistema óseo y dificultar la aparición de patologías en la espalda, sino que el consumo responsable de productos ricos en calcio también puede ayudarnos a adelgazar. Según estudios recientes, las dietas que incluyen el consumo de tres lácteos diarios ayudan a eliminar las grasas de una forma más eficiente y a regular el metabolismo.

Para fortalecer los huesos y la musculatura de la espalda, no sólo resulta importante ingerir alimentos ricos en calcio, sino también hay que evitar el consumo de aquellos que dificultan la absorción de este nutriente por parte de nuestro organismo. El alcohol, el tabaco, el café, las proteínas animales, los productos ricos en ácido fítico o en ácido oxálico (espinacas, cereales, legumbres), el salvado de trigo y los alimentos ricos en fósforo (carne, refrescos) son productos que actúan en dicho sentido y que, por lo tanto, resulta prudente consumirlos con moderación.