Dolor de espalda y de cuello, ¿cuál es la relación?

Marta Valle

El dolor de espalda que afecta también al cuello es un tipo de anomalía bastante frecuente. De hecho, se estima que alrededor de un ochenta por ciento de las mujeres lo sufrimos en algún momento de nuestras vidas. Este tipo de dolencia es mas común a medida que vamos cumpliendo años, estableciéndose la edad inicial entre los 30 y los 40 años y potenciándose su impacto sobre nuestro cuerpo si no realizamos actividades físicas de forma regular, disponemos de sobrepeso debido a una dieta que no resulte sana a la par que equilibrada o padecemos algún tipo de enfermedad en la zona, ya esté determinada por herencia genética o no.

Causas que generan dolor de espalda y cuello

Los factores que generan el desencadenamiento de dolores conjuntos en la espalda y en el cuello suelen tener, en la mayoría de caso diagnosticados, un origen común: algún tipo de lesión o enfermedad que afecte a la parte posterior del cuerpo. Es el caso de anomalías como la hernia de disco, la lumbalgia, la fibromialgia, la artritis, las piedras en los riñones, los esguinces, los espasmos musculares, las fracturas, la escoliosis, la estenosis lumbar, la tensión muscular, las infecciones, el estrés o la espondilolitesis. Una mala higiene postural, especialmente en lugares en los que pasemos mucho tiempo, también puede generar una anomalía como la tratada.

Hay que tener en cuenta, además, que algunas actividades físicas exigentes como el levantamiento o el desplazamiento de grandes pesos pueden ser causante de esta clase de dolencias. El tabaco tampoco supone un gran aliado ya que puede impedir el suficiente flujo de nutrientes a los discos de la espalda. El dolor agudo que se presenta a la vez en la espalda y en el cuello suele desarrollarse de forma súbita y suele tener una duración máxima de unas seis semanas.

La forma más eficiente de impedir la generación de una manifestación conjunta tanto de dolores en la espalda como molestias en el cuello se basa en la realización de actividad física de forma regular, con el objetivo de fortalecer los músculos del área afectada. Si el dolor se torna muy agudo y no podemos resistirlo, resulta aconsejable acudir al médico de cabecera para que nos recete medicamentos analgésicos o antiinflamatorios.