Cuándo el dolor articular afecta a la espalda

Marta Valle

Dolor articular en la espalda

Las lesiones articulares que se dan en la espalda tienden a concentrarse en la articulación sacroilíaca, zona en la que se une el área lumbar con la pelvis. El sacro, que puede hallarse en la base de la columna vertebral, está compuesto por un total de cinco vértebras que se encuentran unidas entre sí y en el centro de los dos huesos ilíacos, que son los que conforman la pelvis. El dolor en las articulaciones de la espalda va a resultar en la mayoría de ocasiones un síntoma que puede ser ocasionado por el padecimiento de diversas enfermedades.

Causas del dolor en las articulaciones de la espalda

Hay que tener en cuenta en el caso de la articulación sacroilíaca, que es la que principalmente desarrolla lesiones en la zona de la espalda, que al conectar la pelvis con la columna vertebral, suele realizar muy pocos movimientos. Los factores que pueden desarrollar dolores en dicha articulación pueden disponer una variedad de orígenes tales como el embarazo –al ensancharse la pelvis para el parto-, la tensión muscular, un traumatismo como consecuencia de un impacto fortuito, una diferencia considerable en la longitud de ambas piernas, el desgaste del cartílago entre los huesos o diferentes clases de artritis que pueden generar molestias en la zona mentada.

Existen, además, una serie de factores que pueden potenciar la aparición de un dolor en las articulaciones de la espalda, especialmente en la sacroilíaca: debilidad muscular, levantar peso de una forma incorrecta, una higiene postural deficiente, una artropatía soriásica, una espondilitis anquilosante o la mera torcedura inadecuada de la espalda. En definitiva, el dolor articular en la espalda puede propiciar síntomas que pasan por dolor leve en la zona lumbar, glúteos, cadera, pelvis o piernas y la rigidez en la zona inferior de la columna.

El tratamiento para la dolencia va a depender siempre del origen de ésta, aunque las áreas prescritas por los médicos suelen circunscribirse a etapas de reposo en cama, combinadas con la ingesta de medicamentos antiinflamatorios y calmantes, además de sesiones de fisioterapia que pueden incluir ejercitación de músculos, masajes y aplicación de frío o de calor.