Fisioterapia pasiva para el dolor de espalda

Marta Valle

Cuando padecemos algún tipo de dolor de espalda, podemos recurrir a varias opciones de cara a conseguir un buen tratamiento. Uno de los recursos más comunes redunda en la utilización de la fisioterapia. En los casos en los que padezcamos de dolores agudos en la zona mentada, y los síntomas nos hayan debilitado debido al impacto de las molestias, es posible que los profesionales recurran a técnicas de fisioterapia pasiva. Son consideradas pasivas porque no necesitan de la colaboración de la paciente para su aplicación. Es el caso de los paquetes de hielo o de calor, los ultrasonidos, la electroterapia o la iontoforesis. La fisioterapia pasiva resulta especialmente útil para eliminar los dolores en los lumbares.

Beneficios de las técnicas de fisioterapia pasiva

Los paquetes de aplicación de calor o de frío son bastante comunes además de resultar bastante sencillos de conseguir. Su principal utilidad radica en el alivio tanto de la inflamación como de los espasmos musculares. Sin embargo, pierden eficacia a medida que la gravedad de la lesión se alarga en el tiempo. Dependiendo de la mujer en concreto, se puede variar entre usar unos u otros, o bien una combinación de ambos.

La iontoforesis es una técnica a través de la cual el fisioterapeuta introduce medicamentos y esteroides en nuestro organismo. Estos fármacos se imponen en la piel para después aplicar una pequeña descarga eléctrica que los conduce hasta los músculos de la espalda. Por su parte, la electroterapia es un modelo que usa la estimulación eléctrica para revertir las señales de dolor que la zona afectada transmite al cerebro.

Por último, los ultrasonidos en un sistema a través del cual se aplican ondas sonoras en la piel para que penetren en los tejidos blandos de la espalda. Estos provocan un calentamiento de la zona que mejora el flujo sanguíneo y facilita tanto la recuperación como la cicatrización de los tejidos en los casos que suframos de patologías musculares que nos incapaciten.