La depresión puede originar dolor de espalda

Marta Valle

Dolor de espalda por depresión

Es posible que en un momento dado de nuestras vidas suframos dolores, de forma más o menos frecuente, en nuestra espalda para los que, a priori, no exista ningún tipo de explicación física clara. Si, además, esta sintomatología aparece acompañada de un sentimiento generalizado de decaimiento personal en nuestro estado de ánimo, es posible que se trate de una dolencia en la parte posterior de nuestro organismo causada por una depresión. Dado el caso, será absolutamente pertinente buscar una confirmación de nuestras sospechas acudiendo tanto a un especialista en psicología como a nuestro médico de cabecera.

Causas por las que la depresión provoca dolores de espalda

Normalmente, cuando nos referimos a una patología como la depresión, tendemos a relacionarla directamente con una serie de síntomas psicológicos como la apatía, la ausencia de motivación, las ganas de llorar constantes y la tristeza. Sin embargo, esta enfermedad puede manifestarse también a través de una serie de consecuencias físicas como puede ser, en este caso, un dolor en la espalda. Aunque puede haber otras zonas del organismo humano afectadas físicamente por la problemática de la depresión –cabeza, pecho, garganta, corazón o pelvis-, la mayor incidencia suele centrarse en las zonas dorsal, cervical y lumbar.

Si no nos damos cuenta rápidamente, los dolores de espalda relacionados con la depresión pueden inducirnos a caer en una suerte de círculo vicioso del que realmente va a ser difícil conseguir escapar. A medida que las molestias, especialmente si se hacen crónicas, van afectando a nuestro estado mental, el dolor se prolonga y se acentúa lo que, a su vez, nos sume en un estado más marcado de frustración y de estrés.

Dado el caso, el tratamiento clásico de la depresión se suele fundamentar en un seguimiento a través de una terapia psicológica y mediante la ingesta de fármacos antidepresivos. Cuando esta patología dispone, además, de una carga física, se requiere además que este tratamiento esté complementado con una serie de medidas orientadas a mejorar el dolor de espalda: actividad física de corte moderado, fisioterapia, mejorar la higiene postural o la toma de medicamentos específicos.