Cómo evitar dolores de espalda por pisar mal

Marta Valle

Pisar erróneamente de forma continuada, como un hábito si se quiere decir, puede ser perjudicial para la salud de nuestro organismo. De hecho, muchas dolencias relacionadas con la espalda se desarrollan como consecuencia de esta anomalía basada, en la mayoría de ocasiones, en un desconocimiento de la situación por nuestra parte. El origen de esta anomalía puede estribar en otro dolor que nos obligue, así mismo, a apoyar mal el pie para corregirlo en cierto sentido. Dado el caso, debemos llevar cuidado si nos percatamos de esta circunstancia y consultar con un especialista para hallar un tratamiento adecuado.

Tratar los dolores de espalda causados por pisar mal

Muchas de las dolencias que afectan tanto a la zona dorsal como a la cervical y a la lumbar disponen su origen en una mala pisada. De la misma forma, también tendrá repercusión negativa sobre las articulaciones de la espalda forzando una mala higiene postural y un menor rendimiento tanto en la práctica de ejercicio físico como en el desarrollo de nuestras tareas habituales. Un profesional en ortopedia puede ser un buen recurso si buscamos analizar, corregir e, incluso, mejorar dicha problemática, al igual que la práctica constante y moderada de alguna modalidad deportiva.

Para una correcta pisada, cuando nos dispongamos a apoyar el pie en el suelo hemos de hacerlo con la máxima suavidad posible y colocando la totalidad de la planta, en todos y cada uno de los pasos que demos, sobre el pavimento. La pierna –siendo la rodilla nuestra referencia más clara- ha de encontrarse alineada de forma absolutamente perpendicular con respecto al suelo. Una vez cumplamos estas condiciones, hemos de vigilar la posición de la espalda, intentado caminar erguidas intentando evitar que se forme una curvatura anormal en la parte posterior de nuestro cuerpo.

El peso que llevemos también puede influir en la disposición de una mala pisada y, por tanto, en la generación de continuos dolores de espalda que empeoren nuestras condiciones de vida. Cuando llevemos mochila, el peso debe estar repartido equitativamente entre los dos hombros. De la misma manera, si somos usuarias habituales de bolsos, tendremos que procurar llevar el número de objetos justos al igual que permutar su posición de un hombro a otro de forma frecuente.