Historia de amor entre hermanastros: amor en la propia familia

Tamara Sánchez

¿El amor entiende de límites? Para Julia no. Estaba enamorada de su hermano, bueno, en realidad no era su hermano: era su hermanastro. Julia se había criado dentro de una familia un tanto peculiar. Su madre era la personificación de la indiferencia. Era una persona fría y distante, a la cual la naturaleza parecía haberse olvidado de darle lo que llamamos el instinto maternal. Solo se preocupaba por su trabajo y por ir cada día al gimnasio para estar siempre perfecta. Su madre únicamente se había limitado a dar a luz para después dejar a Julia en manos de la niñera más cercana, la cual se había encargado de cuidarla y educarla desde el día de su nacimiento.

Su padre era un hombre de negocios, un empresario rico y talentoso cuyo único interés era el dinero. Hacía muchos años que había abandonado a Julia y a su madre para fugarse de la mano de una de sus muchas amantes. Desde entonces Julia no le veía.

Por otra parte estaba Juan. Juan era el novio de su madre, un hombre agradable y cariñoso con el que había rehecho su vida. Realmente Julia no podía llegar a explicarse cómo Juan podía aguantar a su madre: eran polos totalmente opuestos. Él la bondad, ella la maldad. Juan era el único que se preocupaba un poco por Julia aunque, claro, no era su padre y a Julia no le quedaba otro remedio que vivir siempre ante la ausencia de la figura paterna.

En mitad de este ambiente envenenado de soledad, todo el mundo se preguntaba cómo Julia podía seguir tirando para adelante. Pues la respuesta tenía nombre: Alfonso. Alfonso era el hijo de Juan, su hermanastro. Desde el principio se habían llevado muy bien, cuando estaban juntos parecía que el resto del mundo no existía. Bromeaban, reían y se compenetraban a la perfección. Alfonso era una persona tranquila, independiente y muy responsable. Poco a poco Julia había ido pasando de la admiración hacía él a la veneración y de la veneración al amor.

Amor entre hermanastros

Lo mejor de todo es que el amor de Julia era correspondido. Lo había descubierto una noche en la que ella y Alfonso se quedaron solos en casa. Sus padres habían salido a cenar, así que ellos aprovecharon para pasar ese ratito juntos. Estuvieron un buen rato hablando como siempre, con esa complicidad y química que les caracterizaba y, después, decidieron echar una partida a la videoconsola. Había un juego en el que Julia era muy buena y Alfonso nunca conseguía ganarla. Siempre se lo pasaban genial compitiendo y picándose el uno al otro:  “¿Qué me das si gano?”, le dijo Julia a Alfonso retándole. “Bueno tú primero gana y después lo descubres”, la contestó con una sonrisa picarona.

Como siempre, Julia ganó la partida. “¿Bueno qué? ¿Me das ya mi premio?”, preguntó. Alfonso apagó la consola, se acercó despacio a Julia, la cogió por la cintura y la besó. Sus labios se rozaron intensamente, con deseo, con ganas e inmediatamente se dejaron llevar por la pasión.

La escena se repitió durante los días siguientes. Sus encuentros empezaron a ser cada vez más frecuentes, aprovechaban la mínima ocasión para dejarse llevar por los sentimientos. Así comenzaron Julia y Alfonso su amor clandestino, un amor secreto que solamente compartían él y ella. Un amor prohibido entre hermanastros.

Luchando por lo imposible

Ambos sabían que lo suyo era imposible, que nadie lo entendería y mucho menos lo aceptaría. Siempre tenían que encontrarse a escondidas porque si alguien se enteraba tendrían que poner fin a su relación y dejar de verse para siempre. Julia estaba harta de no poder demostrar su amor hacia Alfonso abiertamente, de no poder hacer planes con él como las parejas normales: ir al cine, salir a dar un paseo cogidos de la mano, ir a comer juntos… La situación cansaba y Julia estaba decidida a hablar con Alfonso para acabar con lo que tenían. Nunca podrían vivir un amor real y lo mejor era cortar por lo sano antes de que ninguno de los dos sufriera. Sin embargo, Alfonso se adelantó: “Julia tu madre y mi padre van a separarse. Ayer tuvieron una fuerte discusión y mi padre quiere mudarse lejos. No aguanta más el fuerte carácter de tu madre. Le he contado a mi padre que estoy enamorado de ti, que te quiero. Lo ha entendido, ante todo quiere que sea feliz y solo voy a poder serlo si estoy a tu lado. Vente a vivir con nosotros, por favor”, le rogó.

Esas palabras hicieron que el mundo de Julia cambiara de repente, las cosas le salían bien por una vez en su vida. Julia, que no estaba acostumbrada a que nadie luchara por ella, tenía al amor de su vida delante pidiéndola comenzar una vida juntos. Y eso no era todo. Su hermanastro iba a dejar de serlo, ya no existiría ese lazo familiar y ahora podrían empezar un amor sin barreras ni impedimentos. Un amor que, efectivamente, no entiende de límites.

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